Soñar tu boca junto a la mia...



Todo surgió de manera muy caótica e inesperada... Estaba en una habitación enorme, unos 30 metros cuadrados diría yo, con una cama de 4 metros de lado por lo menos... No sabía dónde estaba, mire a mi alrededor y me encontré viendo la televisión, contigo.
¿Que hacías allí? ¿Porque tú? ¿Acaso es que...? o ¿Quizas...? Sinceramente no lo sé, pero allí estabas, allí estábamos. Empezamos a reír viendo la televisión mientras teníamos una cómoda charla sobre gustos de cine y salió un género de cine algo erótico a la conversación.

Yo sostenía que ese tipo de género era estimulante... -A mi me parece un genero divertido y como cualquier otro- dije- y tu sostenías una postura muy parecida con una salvedad - ¡Exacto! Eso pienso yo y además siempre puedes captar ideas... -dejaste caer. En ese momento nuestras miradas se cruzaron y tu sonreíste al mismo tiempo que me levantabas la ceja, que sonrisa, aun la recuerdo, sincera, divertida, picaresca... unida a esa mirada sensual... Te acercaste y me obsequiaste un beso en la mejilla, un beso en un sitio tan tonto como la mejilla fue capaz de ponerme los bellos de punta, te apartaste lentamente de mi sonriendo de nuevo y levantándome la ceja, cuando reaccione quise devolverte el beso en la mejilla y tu amagaste con la cabeza para que mis labios acabaran en la comisura de tu boca. Un segundo más tarde nos quedamos mirando, intentando averiguar qué pasaba por nuestras cabezas, te confesé que quería besarte y me dijiste que quizás debiera hacerlo... Cuando te bese los labios todo se detuvo, de pronto esas gotas de sudor que me ponían nervioso desaparecieron, esa pequeña taquicardia en el corazón por los nervios de tenerte a 2cm se calmo dando paso a unos latidos fuertes y firmes... pum pum, pum pum... como si algo llamara a mi pecho, unos latidos tan fuertes que podrías oírlos sin mucho esfuerzo, ese latido calmado en poco tiempo se volvió de nuevo acelerado, cada vez mas y mas conforme la intensidad del beso aumentaba... Nuestras lenguas jugueteaban la una con la otra mientras nuestras manos buscaban la piel desnuda, mis dientes buscaban tu cuello y tu mirada buscaba volverme vulnerable, me arrancaste la camiseta y yo hice eso mismo contigo, estábamos piel a piel y el contacto era inminente...

¿Cuantas veces me había imaginado eso mismo? Tenerte entre mis brazo, besar tus labios, mirarte a los ojos y perderme en ellos... ¿Cuantas veces?

Te tumbe sobre esa amplia cama mientras terminaba de desnudarte, y allí, entre besos y lametones, entre caricias y arañazos, entre muerdos y mordiscos, me encontré acariciando tu pierna... Puse tu tobillo sobre mi hombro, y poco a poco fui besando cada centímetro de tu suave piel desde el tobillo hasta el muslo. Me coloque encima tuya y comencé a acariciar todo tu cuerpo, empezaba en el muslo e iba subiendo poco a poco, por el costado, mientras notaba como tú te ibas excitando, como te ibas acelerando conforme mi mano subía por tu cuerpo... llegando casi a la axila coloque mi mano detrás de tu espalda y con un movimiento firme te levante, te incorpore y te bese como deseabas hace rato que lo hiciera. Tus manos arañaban mi espalda y mis gemidos eran callados por tu lengua, mis bramidos apaciguados por tus muerdos en mis labios, empecé entonces a tocarte suavemente mientras seguías excitándote comenzaste a gemir, un gemido tan sensual, tan provocador que haría dudar al mismísimo diablo de su propia humanidad... Comencé a penetrarte y se gemido paso a ser un chillo agudo para mas tarde convertirse en un gemido mudo y lleno de placer, te mordías el labio inferior pidiéndome mas, mientras yo me esforzaba por contener toda esa excitación, mientras me contenía de no desatar todo mi ser... Pero no pude.

-Te deseo tanto -dije mientras te mordía el hombro.
  -Despacio pequeño, tenemos toda la noche por delante.

Gracias a eso volví a controlar todos mis impulsos para ir dando lo mejor de mí en cada instante, todo se convirtió en sexo y desenfreno, nada mas importaba, solo tú, yo y el momento. Agotados, acabamos tumbados en la cama, tu recostada sobre mi pecho, relajada, tranquila y serena... Nadie diría lo que allí había pasado con esa tranquilidad del momento y yo solo podía pensar en hacer una cosa al menos una vez más, al menos una vez más antes de que te marcharas para quizás no volver: Besarte. Y no podía dejar de preguntarme...

¿Que hacías allí? ¿Porque tú? ¿Acaso es que...? o ¿Quizás...? Quizás...





... Es un sueño.





1 comentarios:

Semilla de mujer dijo...

Me encantan ese tipo de sueños... jejeje

Y me gusta la foto, además tiene un significado especial.

Besos ;)

PD.: Ya la profesora te dirá algo... :P

Publicar un comentario