Estaba ella en casa, sola y aburrida. Ya había leído, tenía
todo limpio y nada interesante por ver en la televisión. Decidió escribirme,
una manera amena y simpática de pasar el tiempo entre risas, charlas, tonterías
y por qué no cosas serias. Por supuesto mi respuesta fue afirmativa.
Una vez
los dos en el piso, entre tantos vaciles, decidimos jugar a “yo nunca miento”
con chupitos de Ron. Muy apropiado para una tarde-noche de invierno. Varios
chupitos, uno tras otro entre tantas risas. “Yo nunca he desnudado a alguien
con la mirada”, ambos nos miramos, ella se ruboriza, los dos bebemos. Y por un mísero
segundo, es como si el ambiente hubiera cambiado y se hubiera hecho más serio.
El sentido de las preguntas estaba cambiando de rumbo. “Yo nunca he querido
besarte”, ella se queda parada, yo bebo. Entonces es cuando decide ir a la
ducha, pues su cobardía le impedía dar paso a su sinceridad. Yo, mientras,
espero en el salón viendo la televisión.
Muy
aturdida ella, medio afectada por los chupitos, decide ducharse como vía de
escape, porque estaba en pijama y porque así, se despejaría un poco. El alcohol
le hace vulnerable. Tras la ducha, se pone la toalla liada al cuerpo y se
dirige a su habitación a vestirse. Yo aparecí de pronto, que con la pregunta de
que no encontraba el mando de la televisión hice que ella se asustase y se
pusiera roja. Y por otro segundo, lo suficientemente largo como para que
saltaran chispas, le dije que estaba preciosa, ella agacho avergonzada la
cabeza y yo le pregunte porque había evadido esa pregunta. Y su contestación fue
“no debo contestarte a eso”. Instantáneamente gesticule una breve sonrisilla y
sabiendo, ya, donde estaba el mando de la televisión, la deje para que se
vistiera mientras la esperaba en el salón.
Ella,
era consciente que sus silencios hablaban por si solos, pero no le salía, tan
siquiera, respuesta borde o vacilona. Una sensación un tanto rara y cobarde,
por supuesto. Por eso, era mejor a su parecer, agachar la mirada. Yo,
impaciente por verla, por sentirla, por besar y acariciar sus labios, estaba
desconcentrado. Intuí que era mutuo, pero no entendía comportamiento alguno por
su parte.
Los
dos, sentados en el sofá, y dejando pasar un estúpido velo a lo anterior, nos
pusimos a ver una película, volviendo a las risas y dejando atrás los silencios
delatadores e incómodos. Por alguna razón, nos empezamos a hacer caricias por
la espalda, con la camiseta y el pijama un poco levantado, nuestras manos
acaloradas comenzaban a sentir el calor que desprendían. Me gire para verla,
pues notaba su respiración un tanto intensa, acelerada. La vi y tenía los ojos
cerrados a la par que ella también me acariciaba la espalda, me agarraba con
fuerza y podía sentir el calor de su mano por mi piel, cada vez más deseosa de
sentirlo.
Me puse
de cara a ella, le pregunte que la tenía tan inquieta, nerviosa y acalorada,
ella abrió los ojos, me miro y no dijo nada. Yo observe detenidamente sus ojos,
expresivos, mirándome, su boca deseosa de sentirme y como sus gestos hablaban
por si solos. “Voy a besarte” le dije sin reparos, ella ruborizada, se quedo
parada, no dijo nada. Acaricie su boca con mis dedos, concretamente con el
pulgar, ella instantáneamente abrió la boca y yo la bese… en la frente. Ella se
quedo desconcertada, con ganas inquietantes de que se juntaran sus labios con
los míos ¿y la beso en la frente? Cerró los ojos, yo sonreí irónicamente. Me
acerque nuevamente y le di un beso en la mejilla, estaba haciéndome de rogar,
puesto que ella se queda callada aun sabiendo que me desea. La bese en la otra
mejilla, ella abre un ojo y me encuentra con una sonrisilla irónica, una escena
un poco cómica. Mi mano de forma dura, apasionada e intensa recorrió su espalda
sintiendo el calor que desprende su piel. Cierra los ojos nuevamente a la espera
de intuir que reacción tendría yo. Se acelera su respiración y su deseo por mi
crece por momentos, separo su cara con mi mano en su cuello, oreja y con el pulgar
en sus labios, le di un ligero beso en la comisura de sus labios. La observo
llena de deseo y le digo que no se impaciente, que la voy a besar pero que no
tengo ninguna prisa, que el tiempo es solo para nosotros dos y voy a ir con
calma, quiero hacerte sentir cada caricia, cada susurro, cada respiración,
hacerte sentir viva y ardiente de pasión, de manera que sus ojos, sus labios,
su pecho, su sexo y cada poro de ella misma, se enloquezcan y sea ella quien me
pida que le haga el amor.
Me
muestro paciente, sabiendo lo que hago en todo momento y a la espera de que
ella se arme de valor y saque la fiera que tras su cobardía, yo se que lleva
dentro. Es en ese momento, cuando la noto tan deseosa, que le digo que beba ese
chupito que dejo antes si de verdad ella también quiere besarme. Abre los ojos,
silenciosamente me mira y se bebe el chupito. ¿La película? Había pasado a un
segundo plano, o tercero, o cuarto, no lo sé. Entonces yo, tras la ingesta del último
chupito de Ron, me acerco a su cara, una mano acaricia su cintura, sentados en
el sofá, y mi otra mano acaricia su cara, me acerco detenidamente a sus húmedos
labios y le muerdo el labio inferior, ambas lenguas se juntan en un cálido beso
que va en aumento, ella me agarra del pelo mientras atrae mi cuerpo al suyo,
siento que me desea y quiere sentirme dentro de ella. Un beso tan intenso que
provoca el despertar de la fiera que ella lleva dentro. Me quita la camiseta y
me observa, se quita su parte de arriba del pijama, se queda en sujetador y se
coloca encima mi, sobre el sofá, me besa de manera dulce y atrevida mi cuello,
me acaricia el torso de forma intensa, con deseo, siente atracción, la cual tenía
perdida, y yo contento de haber despertado a la fiera que anhelaba hallar, le
digo “quiero que me desees, que te sigas ruborizando y hacerte mía entre mis
brazos para demostrarte quien puedo ser”. Ella, con los calores y sus rojeces
propias me contesta con una sola frase “Hazme el amor y fóllame”.
Me rio
con un gesto, y ella, ardiente de pasión, me observa, pues yo sabía lo que hacía
y esa era la respuesta que esperaba. Acto seguido, me pongo serio, la miro, no
aguanto y le como la boca de forma apasionada. Quiero tenerla entre mis brazos,
quiero que el cuerpo se le estremezca, que gima de pasión, que se ponga roja,
que me pida más y más. La levanto y me la llevo a su cama, la desnudo y me
desnudo. No pierde detalle de su pelo, su pelo largo y rizado sobre la
almohada, su pecho ardiente de ser acariciado, su sexo mojado impaciente de
sentirme y sus piernas suaves, “Me encantas”. Ella se pone encima de mí, me
tumba en la cama y mientras me besa el cuello me dice “Te deseo, mucho”. Siente
como mi sexo va creciendo por momentos y lo acaricia mientras que sus manos se
pierden en mi cuerpo. Quiere que la folle la boca, y así lo hago. Pierdo los
papeles y abandono mis ojos mientras disfruto de la supuesta personita
vergonzosa que dejo la vergüenza de lado y saco la fiera apasionada que lleva
dentro, “Ahora me toca a mí, sin prisas, tenemos todo el tiempo”. Acaricio sus
pechos y la beso, mis ardientes manos
sienten su piel, su dulzura, y van bajando por todo su sexo, la siento tan
mojada a la par que mis dedos me muestran que esta lista para hacerla mía. Ella
jadeando de deseo me pide por favor que le haga el amor. La miro, y comienzo a
penetrarla, despacio al principio, sintiendo cada sensación que despierto en su
piel. Una y otra vez, aumentando el ritmo y la respiración, tengo que parar,
estoy muy encendido. Decido atar las manos de la chica al cabecero de la cama,
poseo su cuerpo tocando cada parte de su ser, observando sus reacciones y
sintiendo su debilidad ante cada caricia mía. Me meto entre sus piernas,
acariciando con mi lengua su sexo, “Córrete para mi” y ella obedece y siente
como su cuerpo explota, como si de un volcán se tratase y se deja llevar por
aquello que tanto temía al principio de esta historia.
Ardiente
de pasión y de locura, le desato las manos, y ella toma las riendas poniéndose encima,
esta tan mojada que la siento a la perfección llevándome a la locura, orgulloso
de haberla despertado; acaricio sus pechos sintiendo como se erizan ante el
roce de mis dedos. Quiero manejar la situación teniéndola debajo para sentirla más
cerca y terminar mirándola a los ojos cautivadores que tanto me descolocaron
desde la primera vez que la vi. Así es que la miro, el beso mientras la penetro
y ella jadea conforme me sujeta fuertemente la espalda, con ganas, como arañándome,
sudando y sintiendo mi piel, sintiendo mi sexo, mi calor, “Córrete” y yo, sin
dudar un segundo, abandono mi mente y me dejo llevar ante sus palabras…
“Eres más de lo que esperaba”, “Quiero hacértelo, y que me
desees”, “Me encanta estar dentro de ti”. Ella se sonroja y con una ligera
sonrisa contesta “Quiero beber de tu boca”.
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