Dos años y medio con mi pareja. Todo aparentemente bien,
aparentemente…
Esa noche… solo falto esa noche para darme cuenta de que te quería
en mi vida. Toda la noche hablando contigo, esa Noche Vieja, mientras de reojo
me observaba mi novio. Me encantaba hablar contigo, de que te rieras con mis
chistes malos. No sabías que fuera así, así de risueña y boba, así de
extrovertida a la par de tímida. Note como yo también te gustaban pero había un
gran inconveniente, yo tenía pareja. Nos dimos el número de teléfono.
Al día siguiente, me escribiste. Hablamos todos los días desde
el día que nos conocimos. A diario por Messenger, todas las noches. Yo me sentía
culpable, sabía que aquellas conversaciones no estaban bien, eran normales de
dos personas que se conocen. Todo el día pensaba en ti, en como seria si
estuviera contigo, en cómo me besarías… Pero un “despierta” de mi conciencia me
devolvía los pies a la tierra.
Tenía ganas de verte, de mandar a tomar por culo mi relación
y los Kms que de ti me separaban. Me dejaba querer y tu a veces, te escondías
tanto en ti, que me confundías, pero cuando estaba a tu lado tus ojos no me podían
mentir. Me gusto tu altura, de casi dos metros, tu pelo moreno y tus ojos
claros, a pesar de que no me llaman especialmente, era tu mirada.
Al cabo de un día, otro día, un mes y otro mes, ya no podía controlar
estos sentimientos y pasaron 6 meses. Deje a mi pareja tras un largo proceso.
Solo pensaba en ti. Estaba enamorada. Quería estar entre tus brazos. Pero te hacías
mucho de rogar y eso me mataba, porque mi timidez me impedía decirte “Me gustas”
o “Bésame”.
Esa noche salimos con los amigos, nos fuimos a las ferias,
en coche, te sentaste a mi lado y me cogiste la mano, acariciándola. Mi piel
entera reaccionaba de forma inmediata, todos los pelos se me erizaban y en mi
estomago rebotaban ciento una mariposas. “Nunca nadie me provoco algo parecido”.
Despertabas una atracción en mí, que jamás en dos años y medio me produjeron
nunca. Eran tantos los nervios que me provocabas que de la vergüenza no podía ni
mirarte. Entre risas y copas continuaron las caricias, por la espalda, me tenías
descompuesta. Lo peor, es que no entendía porque me hacías débil, necesitaba
que te lanzases, de que posaras tus labios en los míos, “Joder! ¿Es que mis
ojos no te dicen lo suficiente?” “Me doy por vendida” pensé. Después de 6 meses
hablando contigo, todos los días, de que he dejado a mi pareja… no veo, todavía,
algo que espero “¿A qué juegas?”. Estábamos
todos los amigos y me voy con una amiga al baño. “¿A dónde vas?” me preguntas
de manera seria y atractiva, “Al baño” respondí, “¿Por qué? En ese momento me
hiciste un gesto, diciendo que me acercara, “Dame un beso” y me pusiste la
mejilla. Yo obedecí, te di un beso en la mejilla, me puse roja y ya me iba. “chss
chss, ven, dame otro beso” Me volviste a poner la mejilla, te fui a besar y de
pronto, giraste tan rápido la cara que nos dimos un pico. Me subieron todos los
calores a mi carita, me sonroje y me fui al baño más contenta que unas castañuelas.
“Ahora ya te puedes ir” me dijiste serio mientras me guiñabas un ojo.
Cuando volvimos, todos juntos nos dirigimos al ferial., Yo
no me monte en los aparatos porque me dan miedo. Montaron los amigos menos tu y
yo. Te agarre por la cintura, por detrás de ti. Luego me pusiste tu delante de
ti, me cogiste por la cintura y yo uff me arme de valor y te dije “¿puedo
besarte la oreja?” “¿Segura?”. Me gire un poco mientras me agarrabas mi cintura
y te bese la oreja, de reojo vi como cerrabas tus ojos. Pasaba mi lengua por tu
lóbulo, mis labios húmedos por tu oreja y note como te estremecías ante ellos,
porque me sujetabas con más fuerza la cintura. Seguí besando tu cuello mientras
suspiraba, mi respiración se aceleraba y mi cuerpo pedía más; más de ti. Nos deseábamos.
Comencé besando tu carita, acercándome a tus labios, pero sin llegar a
rozarlos, quería provocarte, así es que cogiste y me besaste, fue todo tan
despacio que silo repitieras a cámara lenta, sentiría como apoyaste tu labio
sobre el mío, lo recorriste con tu lengua, nos fundimos en un beso; y yo me
sujetaba a tu cabeza, sentía que me iba a marear uffff. Nuestros amigos desde las atracciones nos
vieron como nos besábamos, tú y yo con miradas cómplices sonreímos.
Entramos en una carpa, estabas pendiente de mí, observándome
y guiñándome un ojo cuando te miraba, me sentía protegida y segura a tu lado.
Decidimos irnos todos para casa, yo salí detrás de nuestros amigos y tú detrás de
mí. De pronto me cogiste de la mano y tiraste de mi brazo, acercaste mi cuerpo
al tuyo, me cogiste la cara con tus manos y me besaste sin apenas darme cuenta.
Me encantan esos actos impulsivos. Intercambiamos nuestras salivas, me cogiste
de la mano y salimos con los demás fuera de la carpa. Sin duda era mi noche
especial, la cual estuve esperando desde hacía 6 meses, aun teniendo pareja, me
hubiera dado igual, porque no iba a reprimirme de mis deseos.
Esa noche nos despedimos con un pico y una mirada que decía mucho.
Sentía que eras tú, que te había encontrado, todo mi mundo se paraba ante tus
ojos. Me abrazaste, note como abarcabas mi cuerpo entre tus brazos y yo me
hacia vulnerable, me sentía protegida, fui tu niña durante años, completamente
tuya.
Tres años y medio disfrutamos de nuestro amor, y ¿hoy?....
¿Te acuerdas de mí?
-Anónima.

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