Luna llena... Quien eres...



“Luna llena… dime, por favor, quien eres…”

Hacía tiempo que necesitaba un cambio en mi vida, todo se había vuelto rutina… Me mude a la costa, a la playa, donde siempre desde pequeño me había gustado contemplar a mi vieja amiga a la orilla del mar.
Fue mi primer día en la ciudad, termine la mudanza y me pareció que ya llevaba viviendo allí toda mi vida, conocí a mucha gente, sobre todo a gente de mi edad. Cuando el sol desapareció Salí a dar un paseo por la playa, tranquilamente. La luna llena se reflejaba en el mar calmado, me senté en la arena, mirando el horizonte. Estaba tan relajado…
Fue entonces cuando, mientras miraba lo que me pareció el más bello de los paisajes que podría ver nunca, apareció ella.  Tenía el pelo largo, dorado y ondulado, una sonrisa preciosa y unos ojos grandes y profundos, se veía hermosa. Llevaba un vestido negro, color del ébano que se mecía con el viento. Me estaba mirando.
Cuando me percate de que me miraba, aparte rápidamente la vista, mire al horizonte y disimule, cuando volví a mirar ya no estaba…

No la volví a ver desde aquel día, muchas noches pase en la playa sin rastro de ella, y con la llegada de la segunda luna llena desde que me instale allí, apareció, yo miraba la luna llena reflejada en el mar y cuando la vi estaba más radiante que la última vez, con ese mismo vestido. Esta vez intente acercarme, despacio pues no sabía cual sería su reacción… Durante un instante dudo si irse o quedarse así que me pare, pero ella se acerco tras esa duda. 

-Hola –Dije tímidamente.
Me sorprendió oír mi propia voz, pero ella dijo

--Hola –Dijo mientras sonreía. Ambos nos presentamo y me temo que aunque algún día tenga alzhéimer, recordare su nombre.
- ¿Qué… Qué tal? –Le pregunte, todavía no muy convencido.
--Bien, respirando tranquilidad y disfrutando de la luna.

No volvimos a articular palabra durante unos minutos, mirando el mar, relajados, con la guardiana de la noche de testigo, cuando volvimos a articular palabra fue para despedirnos.

Desapareció durante otro mes entero, mi búsqueda siempre fue en vano. Supuse que, al igual que las otras dos ocasiones, esa noche de luna llena me la encontraría en la playa y así fue.
La vi llegar, vestida de negro, siempre tan preciosa y deslumbrante, con un caminar pausado pero encantador.

                -Muy buenas noches –Le dije, haciendo gala de mi más grande sonrisa.
                --Hola –Me contesto devolviéndome la sonrisa, la suya era más hermosa.
               
Nos sentamos a observar como la luna presidia el oscuro firmamento, esta vez la conversación mucho más amena, hablamos de nosotros y de otras cosas más banales. Me conto que su cumpleaños era el 16 de Julioaplagosas. Yo le conté que mi cumpleaños era en Junio y que no era de allí pero que decidí raslame porque mi vida necesitaba un cambio. Hablando de todo un poco surgió el tema:
               
                -¿Y dónde vives? Creo que ya conozco el pueblo de arriba abajo y no te
                  veo nunca.

Ella calló. Lo pensó muy detenidamente, pero al final explicó, que simplemente no podía decírmelo.
Claro llegados a esto me extrañe. “¿No puede decirlo?” –Pensé.

                -Al menos una aproximación.
                --No, no puedo decir nada.
                -Solo…
                -- ¡Te he dicho que no!

Se levanto enfadada. Me pareció ver que el mar se embravecía, aunque probablemente solo fuera producto de mi imaginación. La vi marcharse, sin saber a dónde como siempre. Y como de costumbre, soñé con ella.

Julio había llegado y con ella mi visita mensual a la playa bajo la luna llena, radiante como siempre. Me senté en la playa, observando el paisaje que parecía volverse por momentos más bonito. Al rato la vi, vestía el mismo vestido negro de todos los meses.
                -Hola –La salude.
                --Hola.
                -Perdón por lo de la ultima vez…
                --No pasa nada.
                -Por cierto, feliz cumpleaños, es 6 de Julio.
                -Te acordaste, ¡Gracias! –Sonrió tímidamente.

Como de costumbre el tiempo pasaba más rápido de lo esperado, mire el reloj de mi muñeca, eran las 6 de la madrugada-

                -Tengo que irme, es tarde ya.
                --Si, es cierto, ya es muy tarde.
                -¿A ti no te esperan en casa?
                --No…

Note un sentimiento en ella entre melancolía y angustia, no quise meter el dedo en la llaga y fue ella la que después de un largo silencio dijo:
                --No tengo familia. Soy huérfana e hija única.
                -Lo siento…  --Susurré.
                --No es culpa tuya.

La mire a los ojos y pese a que la noche estaba cerrada vi que se le humedecían. Sin saber cómo paso su voz retumbo en mi cabeza “No quiero que te vayas, quédate conmigo”, en ese momento, mi corazón se acelero, no sé que me estaba pasando, sentí un calor especial y único. No lo dude. La bese y ella… Me besó.

Se sentó por un instante en la arena, mirando la luna, el mar estaba agitado… “¿Acaso…? ¿El mar se mueve con sus sentimientos…? No, no puede ser…” –Pensé para mí.
Me senté a su lado y su mano rozo la mía se pego a mi pecho dejando caer su cabeza en mi hombro, yo estaba muy nervioso, su aliento rozaba sutilmente… Era cálido y me encantaba, mi piel se erizaba con el vaivén de su respiración. Coloqué mis manos en su espalda rodeándola con mis brazos y note que se sentía segura y aliviada. Rodeo mi cuerpo con una mano mientras la otra la apoyaba en mi pecho y en ese momento un juego de caricias se apodero de nosotros, mis manos buscaban la piel de su espalda y su piel ardía con cada susurro de mis dedos. Nuestra respiración se agitaba y la excitación aumentaba por momentos, las caricias se volvieron pasionales y sus manos desgarraban mi piel, sus labios anhelaban la humedad de los míos y sus ojos cerrados para no desvelar lo que recorría todo su cuerpo… Su pelo dorado caía sobre mi pecho, lo aparte con mis manos para dejar al aire su acuello, su piel era suave, blanca, perfecta. Mis labios rozaron su cuello, su respiración se paro por un instante para seguir al instante seguida con un mínimo gemido excitante. Mi mano se indio debajo de su vestido, acariciando su espalda y bajando por su costado, su vientre y asomándose a su sexo… ella se estremeció. El mar se volvía bravo por momentos y nuestro alrededor desaparecía con cada caricia entregada al deseo…

… La luna llena iluminaba su piel lisa, blanca como la nieve, mientras ella y yo nos fundíamos y nuestros sexos jugaban entre ellos. Su mirada era perfecta, su sonrisa deslumbrante. Era fogosa, pasional e increíblemente irresistible, cada gesto me atraía a ella como una maldición y yo me entregué a ella… Mis manos fuertes acariciaron cada palmo de su dulce piel, mis ojos se clavaron en su alma mientras la luna llena, presidenta de la noche oscura, era testigo de lo que estaba pasando.








Y tu ahora… Sonríes.

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