Como fuego...



Nada más terminar mi jornada en el trabajo, mire en móvil en busca de algún tipo de mensaje o llamada que pudiera arreglarme y alegrarme un poco el día… Fue un día duro y solo me quedaba volver a casa y dormir hasta el día siguiente para volver de nuevo a lo mismo. Me monto en el coche sabiendo que no recibiré nada cuando llega un mensaje, eras tú, parecías tan inocente… Me invitabas a ir a tomarnos algo juntos, charlar y pasar algo de tiempo entre sonrisas. Sin pensarlo dos veces, accedí.

-         -¡Hola! – Dijiste emocionada al verme.

-         -Hola, ¿Te hice esperar mucho? – Te conteste con una sonrisa simpática.

La noche transcurrió entre copas suaves y charlas divertidas,  mis ojos se clavaban en ti mientras recorría tu cuerpo, tus piernas, tu cintura y sin poder evitarlo imagino cómo te beso y veo como suspiras justo después de ese beso, imagino que acaricio tu cuello, recorro mi mano por tu espalda, tú te estremeces y te ríes…

-          -( Despierta) – Pensé. Ella esta fuera de tu alcance.

De pronto tu voz penetro en mi cabeza y me sacaste del trance en el que mi imaginación me había metido.

-          -¡Ey! ¿Estás bien? – Preguntaste extrañada.

-          -Si, si, perdona es que me distraje – Respondí queriendo disimular.

-          -Oye ¿Que te parece si vamos a mi casa… y continuamos allí con una copa la charla? – Mientras                     
            sonreías.

Era la primera vez que veía esa sonrisa, conocía muchas, pero esa no…

-          Claro, por mi perfecto, allí estaremos más cómodos – Respondí.
Una vez en la puerta de tu casa, me dijiste que me quedara unos minutos en la puerta y que cuando me dieras un toque al móvil, pasara. Así lo hice, espere y al cabo de unos 30 minutos recibí una llamada perdida tuya, y acto seguido me dispuse a entrar.
Nada más entrar, un pequeño sendero de velas blancas se abría paso ante mí, “Sígueme” decía un pequeño papel sujeto con un poco de celo en un gran jarrón de la entrada y como si de un juego se tratase cumplí sin dudarlo las órdenes recibidas. Una veintena de velas iluminaban la estancia y la tenue luz de ellas me permitió verla. Estaba tumbada en la cama, sobre la colcha, con una botella de champan abierta. No tuve que decir nada. Mis ojos se clavaron en ella y los suyos se detuvieron en los míos. Me deslice junto a ella, se giro lentamente y sin poder evitarlo la bese, un beso que atravesó mi alma y me convirtió en hombre, en mortal, en un ser vivo entregado total y únicamente a su deseo… mi corazón late tan deprisa… Ella me acaricia el pelo con mucha suavidad mientras bebemos el uno del otro, mientras nos convertimos en uno solo. Con leves caricias le abrí la boca e introduje mi lengua, poco a poco nuestros cuerpos se acercaban. Sus besos, delicados, lentos y suaves fueron bajando por mi cuello. Deslice mis manos por su pecho. Le quite la camisa y los pantalones. Ella no tardo en responder e hizo lo propio conmigo. Al tocar su piel, ardía, como fuego. Mis besos, cada vez más intensos se posaron por todo su cuerpo. Baje por su cuello para dejarme caer por su pecho, su abdomen y sus muslos. Sus piernas, temblorosas, se abrieron ante mi llegada. Yo ardía por momentos. Mis dedos recorrieron todo su cuerpo, sus manos abrasaban cuando agarraba mi espalda con fuerza. Busque su lengua, sus labios y sus besos. Yo la deseaba tanto como ella a mí, el deseo se apodero de mí y se convirtió en mi dueño, yo solo deseaba hacérselo saber de una manera dura y a la vez suave. En cuanto nuestras miradas se encontraron la sentí. Sus piernas se abrieron finalmente para dejarme entrar, para dejarme entrar una y otra vez. Rodeo mi cadera con sus muslos, me deseaba, me quería todo para ella, me quería tan cerca de ella dentro suya. Perdí el sentido del tiempo, des espacio, nuestros cuerpos, cada vez más calientes se movían más y más rápido. Entonces, y sin poder evitarlo…





…ardimos.

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