Una noche...



Otra noche salía del trabajo después de 8 horas… Ninguna distracción a la vista y mucho menos un estimulo capaz de hacerme sentir algo distinto, así que decidí salir a tomar algo a un bar de copas. Me senté en la barra y pedí una cerveza.
Mire hacia la derecha y allí estabas,  radiante y sexy, me acerque a ti y dije:

-          -¿Puedes desear a alguien que no sea tu pareja?

Te sorprendiste, reíste tímidamente y agachaste la mirada… Yo, por mi parte, me presente y comenzamos una larga charla y con cada palabra mi interés por ti crecía, pronto te convertiste en mi único punto de atención, el bar completo enmudeció para mí y te convertiste en mi único haz de luz en medio del bar completamente oscuro.

-          -Dime, un chico como tu estará rodeado de chicas ¿no es así? – Me dijiste

-          -No me rodean, se colocan encima o debajo – Te contesté.

Creo que fue esa mezcla entre atrevimiento y diversión la que te atrajo y se convirtió para ti en algo adictivo, aunque sabias que no debías, cada noche volvías al bar en busca de una dosis.

-          -Creo que esas cosas que me dices se las dirás a todas – Dijiste

-          -Para nada, como mucho a todas las chicas que se parecen a ti – Dije yo sonriendo

Pronto todo empezó a darme igual, todo desapareció en mi vida y me di cuenta de que mi único pensamiento se redujo a ti, a nosotros.
Tú volvías cada noche a casa y en la cama debías pensar que estaba mal lo que hacíamos, tus motivos tendrías que me dirías mas adelante y no tardaste en decírmelo. A la noche siguiente decidiste informarme de algo.

-          -Tengo pareja, hace un año – Fuiste directa, fuiste concisa y fuiste fría.

Pero lejos de asustarme mi interés por ti aumento y no me aleje si no que dije:

-          -Por ahora solo me interesas tu, conocerte. Te esperaré aquí mañana a las 8.

-          Por favor, no me lo pongas mas difícil, te deseo pero tengo pareja, no puedo – Y sin decir una palabra más, saliste corriendo por esa puerta que cada noche te veía entrar con una sonrisa.

Pasaron unos días sin saber de ti, aunque mi interés por ti no había desaparecido, durante dos noches fui al bar a ver si estabas, pero no apareciste. Al tercer día fui a cenar a un restaurante con una chica, rubia, ojos claros… Preciosa, y para mi asombro, allí estabas, me senté relativamente cerca lo suficiente como para poder escuchar tu conversación con tu chico desde mi mesa. En mi mesa el tiempo pasaba ameno, charlas dinámicas, risas y complicidad… En tu mesa silencio incomodo, miradas huidizas y seriedad…

Mis ojos se clavaron en ti, tú bajaste la mirada y desde mi mesa pude notar tu nerviosismo, tus piernas temblorosas y tus escalofríos por el cuerpo. Te hice una señal con los ojos para que te levantaras y fueras al baño y tras unos minutos dudando de hacerlo o no le dijiste a tu pareja que necesitabas retocarte el maquillaje en el baño, te levantaste y te fuiste… Nada más entrar te refrescaste la nuca con un poco de agua, una lagrima resbalo por tu mejilla, eras tú, era yo, éramos los dos y nos lo jugábamos todo… Cuando levantaste la cabeza y miraste al espejo allí estaba yo detrás de ti, observando. Me acerque a ti y note como mi presencia te invadía, no opusiste resistencia y tu confianza me dominó, tu mirada me volvió loco. Sujete con mis manos las tuyas contra la pared y fui bajando por tu cuello, y de tus labios bebí toda la pasión que me entregaste. Cada ligero roce en tu cuello se transformaba en un escalofrió que te recorría entera. Mordías muy despacio mis labios mientras una de tus manos se perdía en mi ropa interior. Baje mis manos a tu cintura, acariciándote, una mano se perdió bajo tu falta debiéndola muy suavemente y la otra desabrochaba el único botón que separaba tus pechos de mi mano, mi boca mordía en ese momento suavemente tu oreja. Disfrute rodeándote con mi cuerpo, poseyéndote. Al fondo podíamos ver nuestras imágenes en los espejos lo cual lo hacía si cabe más excitante. Eras mía, yo lo entendía y tu lo deseabas, te gire rápidamente y te coloque encima mía, me encantaba como me sonreías sabiendo que el momento se acercaba. En ese momento sentí como tu respiración se aceleraba en mi oído, tus ojos se dilataron y mi cuerpo entro dentro del tuyo… esbozaste una sonrisa.






-          -¿Qué te pasa, porque sonríes? – Le pregunté

-          -Si, se puede desear a otra persona que no sea tu pareja – Me contestó.

0 comentarios:

Publicar un comentario