"Me dice que me desea, no perderé ni un segundo en preguntarme como
demonios he podido tener tanta suerte.
demonios he podido tener tanta suerte.
Huele como deben oler los ángeles, la mujer perfecta, una diosa."
La noche estaba cerrada, ni una nube en el
firmamento y este siendo alumbrado por millones de estrellas. En frente, ella,
tan perfecta como de costumbre y yo sin poder acostumbrarme a su belleza. Sus
ojos iluminaban mi rostro y yo solo podía pensar en su piel, pensar en rozar
cada poro de su cuerpo, pensar en sus labios suaves y húmedos, deseosos de
tenerme cerca... --Siempre se hace la dura, siempre se hace de rogar y yo
siempre estaré dispuesto a rogar por su presencia. Insistiré cada día por
tenerte cerca, por tenerte a mi lado y por poder hacer que sientas lo que
siento yo cuando tus manos rozan mi pecho, ¿Alguna vez te he dicho lo que me
gusta eso?--
No sé cuando empezó. Solo puedo
decir que me desperté dándome cuenta que la observaba detenidamente. Miraba su
cuerpo menudo, pero bien contorneado, sus manos pequeñas, sus labios más
delgados que gruesos, pero muy delineados. Sus ojos café oscuro, su bello
rostro. Sus piernas tónicas fruto de su juventud y del ejercicio. Lo que más me
atraía de ella era su mirada, intensa, deseosa y provocadora. --No me mires
así, no respondo de mi.-- Nuestras miradas se buscaban diciendo y susurrando
nuestros deseos.
La abracé, la traje hacia mí y la
apreté con fuerza, quería que me sintiera, que sintiera mi calor, mis ganas de
tenerla conmigo, que sintiera lo que deseaba hacerle. Comencé a acariciar su
espalda, levante con una mano su blusa por la parte de atrás acariciando su
piel suave pero de forma intensa mientras mi otra mano sujetaba su cintura que
comenzaba a contonearse contra mí. Le quite la blusa y sin esperarlo la levante
y la coloqué encima de la mesa, ella me miró con esa sonrisa picara que tanto
me enloquece y sobre la mesa ella empezó a tocar mi cuerpo, metió las manos
bajo mi camiseta, notando mis abdominales, mi pecho, me agarró con fuerza la
espalda, me arañaba... me encantaba... Mis manos cada vez mas acaloradas
dominaban su espalda, jugaban con su bajo vientre, mi mano derecha paso por su
cuello de forma velada, pasó por la nuca mientras agarraba con fuerza su pelo,
aparte su rostro y bese su cuello, primero de forma tierna y suave pero se
tornó salvaje cuando sus manos arañaban mi pasión. Le baje suavemente los
pantalones y ella desabrochaba los míos. Bese sus piernas, desde el tobillo
hasta llegar a sus muslos donde deje caer un tímido mordisco, tenía unas ganas
locas de hacerla mía, ella tenía unas ganas locas de entregarse a mi deseo, a
su deseo.
La levante de allí cogiéndola en brazos y la tumbe
sobre la cama, jugué con sus braguitas un rato hasta quitárselas y jugar con su
sexo. Ella quería jugar conmigo y comenzamos una carrera en la que cada uno
probaba la golosina del otro, paro de pronto y me tumbo en la cama, sus manos ardían,
sus uñas se clavaban en mi piel, su boca susurraba mi nombre y sus jadeos, sus
mordiscos en mis abdominales delataban su deseo... Se coloco encima de mí y comenzó
a montarme. Sus pechos bailaban al son del movimiento, su pelo sobre su cara,
sus manos apretando mi pecho, sus ojos en blanco y su boca deseándome. --
¡Quiero más! -Decía. -- Se movía más fuerte y más rápido hasta que sus gemidos
delataban su orgasmo. La abrace y la puse de rodillas en la cama, empecé a
masturbarme delante de ella pero es demasiado juguetona para estarse quieta, me
apartó y continuó ella, metiéndosela en la boca hasta el fondo, jugando con él
y lamiéndolo, acariciaba y masajeaba a la vez mis testículos... Era delicioso y
yo notaba que iba a estallar, le dije que si seguía a ese ritmo me iba a
correr, ella se excito al escuchar eso de tal manera que aumentó el ritmo,
estaba deseando que me corriera y ella lo estaba haciendo en ese mismo
instante, en el instante en el que yo explotaba, mi semen bañaba su boca, su
cara y su pecho, desnudo, terso y precioso. Se lamió y me puso esa sonrisa que
tanto me provoca, que tanto me gusta. La noche acababa de empezar, y era larga.
"Me dice que me desea, no perderé ni
un segundo en preguntarme cómo
demonios he podido tener tanta suerte.
demonios he podido tener tanta suerte.
Huele como deben
oler los ángeles, la mujer perfecta, una diosa."

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