Mis caricias... Tu piel...



Deseo que sientas mis caricias, que mis manos cubran todo tu cuerpo de este frio invierno… que tus labios rocen mi piel como el viento roza tu pelo largo y dorado.
Deseo sentirte y mi espalda ansia tus manos, tus caricias y tus arañazos… los anhela. Mi cuello se estremece con tan solo sentir tu aliento sobre él, mis pupilas dilatadas y yo solo pienso en tu cuerpo, tu suave piel y mis ganas de hacerla mía, mis ganas de rodear todo tu cuerpo con mis brazos y llenarte de la más pura pasión.

Tu respiración agitada indica el comienzo del juego mientras mis manos recorren cada palmo de tu  piel, notas como me estremezco ante tus besos, mis caricias intensas sobre tu espalda te acercan a mi cuerpo y mis dedos clavándose en tu piel… Agarrada a mi cuerpo comienzas a acariciar mi cuello, mi pelo, mi piel y no es la caricia sino la pasión entregada a ella, no es el roce es lo que me transmites… No es la situación, es que te tengo cerca…
Tus caricias tan suaves y ardientes, tan  firmes y sensuales, tan entregadas al momento… Devuélvemelas, déjalas sobre mi piel…

“La noche se planteaba como cualquier otra, salir del trabajo y a casa, pero en lugar de eso me arme de valor para poder decirle si le apetecía verme. Ella tímida y cortada rehusó diciendo que madrugaba y yo valiente y decidido insistí sin dudarlo. Me presente en su casa con una botella de vino y mis ganas de tenerla cerca reírme con ella y hacerla reír un rato, es simplemente genial –pensaba para mí.

Pusimos una película mientras nos acomodábamos en el sofá, la película estaba entretenida pero no podía parar de fijarme en su sonrisa, en los detalles que me gustan de ella, como su mirada directa y profunda, esos ojos grandes que me gustan… Terminada la película pusimos algo de música y comenzamos a hacernos cosquillas, era muy divertido porque no era fácil hacérselas. Mis cosquillas se convirtieron en un pequeño masaje en el cuello para intentar pillarla desprevenida pero no pude encontrar su punto. Sin saber cómo, y exhaustos por el juego de las cosquillas, acabamos abrazados. Mis brazos rodeaban su cuerpo y mis manos acariciaban su espalda, tímidamente al principio, no sabía cómo iba a reaccionar… me apetecía tanto rozar su piel… Pero poco a poco las caricias se volvieron intensas, mis manos empezaron a desear su piel verdaderamente y entre risas y tonterías nos encontrábamos muy a gusto el uno con el otro. Ella cantaba haciendo la tonta he insistí que cantara bien, realmente canta bien si se lo propone, mientras, yo, acariciaba su espalda… mis manos se hundieron debajo de su camiseta para notar su piel y ella se estremecía con cada centímetro que subía a lo largo de su espalda.
Comenzó a acariciar mi brazo, agarrándolo, para más tarde dejar su mano caer por mi cuello acariciándolo, acariciando mi oreja, mi pelo, con unos tirones que eran perfectos, suaves, firmes y pasionales… Mi boca se dejo caer por tu hombro, un beso, otro beso, tan suave como el roce de una pluma hasta llegar a tu cuello donde un muerdo se me escurrió entre susurro y susurro… Tu piel, tanto si la acariciaba como si la besaba o mordía, me encantaba… me encanta.

En la despedida mi cuerpo llamaba al suyo, no hacía falta nada, nada más que un simple roce de mis manos en su espalda y de sus manos en mi pecho para volver a juntarnos, su cuerpo llamaba al mío… Sin pensarlo y por el anhelo de uno de sus besos la levante con decisión y la coloque encima mío, sus piernas se cruzaron rodeando mi cadera mientras su boca mordía y besaba mi cuello…”

No sé si son mis caricias o es tu piel ardiente, pero… ¿Sabes qué?...







 Tengo ganas de rozar tu piel…

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