Allí estabas, en la estación de bus… Me pareciste muy alta y
bellísima, nada más verte supe que me costaría contenerme. La conversación fue
fluida y yo intentaba quitarte la vergüenza que aun llevabas contigo contaba
como fue el viaje, contaba chistes y bueno se me ocurrió que jugáramos a los
pulsos chinos para tener algo de contacto físico y de algún modo hacerte entrar
en calor…. Llegamos a donde yo me alojaría un par de noches y te quedaste
conmigo hasta la hora de volver a tu casa… sinceramente me encantaste y tuve que
resistir mi tentación de besarte.
Al día siguiente ya te esperaba en la parada del bus, antes
fui a desayunar y a comprar algo bonito para ti, me decidí por una “Rosa Eterna”
o así me la vendieron, me dijeron que era una rosa que no se marchitaría en
mucho tiempo… Yo no me lo creí pero bueno la compre, la envolví y le puse un
lacito rojo, bajaste del bus y me pareciste más alta aun, cada vez me gustabas
mas, no sé si era tu mirada tímida, tu sonrisa traviesa o simplemente tu pelo
bailando con la brisa del momento, todo era tan… excitante. Nada más verte te
di dos besos, el tercero me lo guarde, y te entregue el regalo, que no quisiste
abrir en el momento y nos pusimos a pasear… te pregunte “¿oye te apetece que
vayamos a ver una película a mi habitación?” y para mi sorpresa accediste rápidamente,
una vez allí pusimos la televisión y nos tumbamos en la cama, abriste el regalo
y te encanto, aquella rosa, estaba preciosa y lo mejor de todo es que aun hoy
esa rosa sigue intacta. Viendo la televisión note un cosquilleo por la espalda,
no sé que fue, pero desde luego me lanzo… Yo tenía el lazo en mis manos, más
bien ya se convirtió en una cinta roja, y bueno empezamos a jugar a quitárnosla,
nuestras manos tonteaban, jugaban y se acariciaban… lo recuerdo bien. Me
arrancaste la cinta de un movimiento brusco, y te pusiste seria… metiste tu
brazo bajo tu espalda y yo detrás del, mi mano rozo por un instante tu cadera,
suave, al descubierto pues tenias la camiseta un poco levantada… cuando te roce
te encogiste, como si hubiera tocado un punto clave de tu cuerpo… de pronto
ambos paramos, un instante, como si algo hubiera pasado, y mi mano como si tuviera
vida propia volvió a tu cadera, mis dedos acariciaban tu piel como si de plumas
se tratasen, mi mano dulce pero firme rozaba tu cuerpo con ganas de protegerlo
pero sobre todo, en ese momento, de poseerlo… mi mano iba subiendo, muy poco a
poco por tu costado, con cada centímetro tu respiración se volvía mas violenta
y brusca, más agitada y sensual, tus ojos se cerraban mientras que tu corazón latía
con tanta intensidad que podía sentirlo tumbado a tu lado… mi mano bajo de
nuevo a tu cadera para poder acercarte a mí y volvió a subir con la misma velocidad y pasión de la primera
vez, otra vez tu respiración se agitaba y tu corazón se aceleraba, tus ojos se
tornaron cerrados y por un instante te mordiste el labio inferior, ese mordisco
que aun recuerdo… poco a poco mi mano termino de subir y llego a rozar tu sostén
, te encogiste de nuevo. Mi mano, juguetona, acariciaron tus pechos justo antes
de posarse en tu espalda, una vez allí, te giraste hacia mi…
Mis ojos se incrustaron en tu mirada, nuestra respiración,
tan agitada que se podría bailar a su ritmo y mi corazón a punto de saltar del
pecho… cada poro de mi cuerpo exhalaba calor, cada pensamiento de mi cabeza tenía
que ver con tu sexo. Mis manos recorrían tu piel, como si la conocieran de
muchos años, cada curva, cada sensación… con un movimiento brusco y firme a la
vez que sensual, te acerque a mi… nuestros labios se acercaron y por un
instante no pude desear mas fervientemente la humedad de los tuyos, el tacto y
la pasión que se avecinaba. Nos besamos y solo fue el principio del fin, nos
sobraba la ropa y nuestro cuerpo lo sabía, nos comenzamos a desnudar el uno al
otro, mi cuerpo ansiaba tu calor y tu cuerpo ansiaba mi tacto, mis labios
anhelaban besar cada centímetro de tu cuerpo y tus manos clavarse en mi espalda…
Me puse encima de ti y mientras te penetraba dejaste caer un fuerte gemido, el
deseo y las ganas quedaron patentes en ese mismo momento, nuestros cuerpos
bailaban mientras tu aliento se dejaba caer sobre mi cuello, como una brisa cálida
que erizaba cada poro de mi cuerpo. Tus gemidos cada vez más intensos se
volvieron continuos con cada movimiento, con cada estimulo... Tu cada vez más
ardiente, mas ansiosa, lo notaba en tus manos, en tus movimientos y en tu
mirada, te volviste una fiera en ese instante y solo pensábamos en satisfacer
nuestro deseo el uno por el otro… Mis dedos acabaron de recorrer todo tu cuerpo
mientras descansábamos, mis brazos te abrazaron delante mía y te acurrucaron
junto a mi cuerpo… Allí yacíamos, en la misma cama donde minutos antes se libro
una guerra entre sus sabanas, sabanas que sin duda aun recuerdan tu aroma, tu
calor y tu respiración. Ahora anhelo tus besos tan dulces como pasionales eran
como dulce ambrosia, algo que no había probado y que sin duda probaría todos
los días de mi vida...

0 comentarios:
Publicar un comentario