Luna llena... Quien eres...



“Luna llena… dime, por favor, quien eres…”

Hacía tiempo que necesitaba un cambio en mi vida, todo se había vuelto rutina… Me mude a la costa, a la playa, donde siempre desde pequeño me había gustado contemplar a mi vieja amiga a la orilla del mar.
Fue mi primer día en la ciudad, termine la mudanza y me pareció que ya llevaba viviendo allí toda mi vida, conocí a mucha gente, sobre todo a gente de mi edad. Cuando el sol desapareció Salí a dar un paseo por la playa, tranquilamente. La luna llena se reflejaba en el mar calmado, me senté en la arena, mirando el horizonte. Estaba tan relajado…
Fue entonces cuando, mientras miraba lo que me pareció el más bello de los paisajes que podría ver nunca, apareció ella.  Tenía el pelo largo, dorado y ondulado, una sonrisa preciosa y unos ojos grandes y profundos, se veía hermosa. Llevaba un vestido negro, color del ébano que se mecía con el viento. Me estaba mirando.
Cuando me percate de que me miraba, aparte rápidamente la vista, mire al horizonte y disimule, cuando volví a mirar ya no estaba…

No la volví a ver desde aquel día, muchas noches pase en la playa sin rastro de ella, y con la llegada de la segunda luna llena desde que me instale allí, apareció, yo miraba la luna llena reflejada en el mar y cuando la vi estaba más radiante que la última vez, con ese mismo vestido. Esta vez intente acercarme, despacio pues no sabía cual sería su reacción… Durante un instante dudo si irse o quedarse así que me pare, pero ella se acerco tras esa duda. 

-Hola –Dije tímidamente.
Me sorprendió oír mi propia voz, pero ella dijo

--Hola –Dijo mientras sonreía. Ambos nos presentamo y me temo que aunque algún día tenga alzhéimer, recordare su nombre.
- ¿Qué… Qué tal? –Le pregunte, todavía no muy convencido.
--Bien, respirando tranquilidad y disfrutando de la luna.

No volvimos a articular palabra durante unos minutos, mirando el mar, relajados, con la guardiana de la noche de testigo, cuando volvimos a articular palabra fue para despedirnos.

Desapareció durante otro mes entero, mi búsqueda siempre fue en vano. Supuse que, al igual que las otras dos ocasiones, esa noche de luna llena me la encontraría en la playa y así fue.
La vi llegar, vestida de negro, siempre tan preciosa y deslumbrante, con un caminar pausado pero encantador.

                -Muy buenas noches –Le dije, haciendo gala de mi más grande sonrisa.
                --Hola –Me contesto devolviéndome la sonrisa, la suya era más hermosa.
               
Nos sentamos a observar como la luna presidia el oscuro firmamento, esta vez la conversación mucho más amena, hablamos de nosotros y de otras cosas más banales. Me conto que su cumpleaños era el 16 de Julioaplagosas. Yo le conté que mi cumpleaños era en Junio y que no era de allí pero que decidí raslame porque mi vida necesitaba un cambio. Hablando de todo un poco surgió el tema:
               
                -¿Y dónde vives? Creo que ya conozco el pueblo de arriba abajo y no te
                  veo nunca.

Ella calló. Lo pensó muy detenidamente, pero al final explicó, que simplemente no podía decírmelo.
Claro llegados a esto me extrañe. “¿No puede decirlo?” –Pensé.

                -Al menos una aproximación.
                --No, no puedo decir nada.
                -Solo…
                -- ¡Te he dicho que no!

Se levanto enfadada. Me pareció ver que el mar se embravecía, aunque probablemente solo fuera producto de mi imaginación. La vi marcharse, sin saber a dónde como siempre. Y como de costumbre, soñé con ella.

Julio había llegado y con ella mi visita mensual a la playa bajo la luna llena, radiante como siempre. Me senté en la playa, observando el paisaje que parecía volverse por momentos más bonito. Al rato la vi, vestía el mismo vestido negro de todos los meses.
                -Hola –La salude.
                --Hola.
                -Perdón por lo de la ultima vez…
                --No pasa nada.
                -Por cierto, feliz cumpleaños, es 6 de Julio.
                -Te acordaste, ¡Gracias! –Sonrió tímidamente.

Como de costumbre el tiempo pasaba más rápido de lo esperado, mire el reloj de mi muñeca, eran las 6 de la madrugada-

                -Tengo que irme, es tarde ya.
                --Si, es cierto, ya es muy tarde.
                -¿A ti no te esperan en casa?
                --No…

Note un sentimiento en ella entre melancolía y angustia, no quise meter el dedo en la llaga y fue ella la que después de un largo silencio dijo:
                --No tengo familia. Soy huérfana e hija única.
                -Lo siento…  --Susurré.
                --No es culpa tuya.

La mire a los ojos y pese a que la noche estaba cerrada vi que se le humedecían. Sin saber cómo paso su voz retumbo en mi cabeza “No quiero que te vayas, quédate conmigo”, en ese momento, mi corazón se acelero, no sé que me estaba pasando, sentí un calor especial y único. No lo dude. La bese y ella… Me besó.

Se sentó por un instante en la arena, mirando la luna, el mar estaba agitado… “¿Acaso…? ¿El mar se mueve con sus sentimientos…? No, no puede ser…” –Pensé para mí.
Me senté a su lado y su mano rozo la mía se pego a mi pecho dejando caer su cabeza en mi hombro, yo estaba muy nervioso, su aliento rozaba sutilmente… Era cálido y me encantaba, mi piel se erizaba con el vaivén de su respiración. Coloqué mis manos en su espalda rodeándola con mis brazos y note que se sentía segura y aliviada. Rodeo mi cuerpo con una mano mientras la otra la apoyaba en mi pecho y en ese momento un juego de caricias se apodero de nosotros, mis manos buscaban la piel de su espalda y su piel ardía con cada susurro de mis dedos. Nuestra respiración se agitaba y la excitación aumentaba por momentos, las caricias se volvieron pasionales y sus manos desgarraban mi piel, sus labios anhelaban la humedad de los míos y sus ojos cerrados para no desvelar lo que recorría todo su cuerpo… Su pelo dorado caía sobre mi pecho, lo aparte con mis manos para dejar al aire su acuello, su piel era suave, blanca, perfecta. Mis labios rozaron su cuello, su respiración se paro por un instante para seguir al instante seguida con un mínimo gemido excitante. Mi mano se indio debajo de su vestido, acariciando su espalda y bajando por su costado, su vientre y asomándose a su sexo… ella se estremeció. El mar se volvía bravo por momentos y nuestro alrededor desaparecía con cada caricia entregada al deseo…

… La luna llena iluminaba su piel lisa, blanca como la nieve, mientras ella y yo nos fundíamos y nuestros sexos jugaban entre ellos. Su mirada era perfecta, su sonrisa deslumbrante. Era fogosa, pasional e increíblemente irresistible, cada gesto me atraía a ella como una maldición y yo me entregué a ella… Mis manos fuertes acariciaron cada palmo de su dulce piel, mis ojos se clavaron en su alma mientras la luna llena, presidenta de la noche oscura, era testigo de lo que estaba pasando.








Y tu ahora… Sonríes.

Mis caricias... Tu piel...



Deseo que sientas mis caricias, que mis manos cubran todo tu cuerpo de este frio invierno… que tus labios rocen mi piel como el viento roza tu pelo largo y dorado.
Deseo sentirte y mi espalda ansia tus manos, tus caricias y tus arañazos… los anhela. Mi cuello se estremece con tan solo sentir tu aliento sobre él, mis pupilas dilatadas y yo solo pienso en tu cuerpo, tu suave piel y mis ganas de hacerla mía, mis ganas de rodear todo tu cuerpo con mis brazos y llenarte de la más pura pasión.

Tu respiración agitada indica el comienzo del juego mientras mis manos recorren cada palmo de tu  piel, notas como me estremezco ante tus besos, mis caricias intensas sobre tu espalda te acercan a mi cuerpo y mis dedos clavándose en tu piel… Agarrada a mi cuerpo comienzas a acariciar mi cuello, mi pelo, mi piel y no es la caricia sino la pasión entregada a ella, no es el roce es lo que me transmites… No es la situación, es que te tengo cerca…
Tus caricias tan suaves y ardientes, tan  firmes y sensuales, tan entregadas al momento… Devuélvemelas, déjalas sobre mi piel…

“La noche se planteaba como cualquier otra, salir del trabajo y a casa, pero en lugar de eso me arme de valor para poder decirle si le apetecía verme. Ella tímida y cortada rehusó diciendo que madrugaba y yo valiente y decidido insistí sin dudarlo. Me presente en su casa con una botella de vino y mis ganas de tenerla cerca reírme con ella y hacerla reír un rato, es simplemente genial –pensaba para mí.

Pusimos una película mientras nos acomodábamos en el sofá, la película estaba entretenida pero no podía parar de fijarme en su sonrisa, en los detalles que me gustan de ella, como su mirada directa y profunda, esos ojos grandes que me gustan… Terminada la película pusimos algo de música y comenzamos a hacernos cosquillas, era muy divertido porque no era fácil hacérselas. Mis cosquillas se convirtieron en un pequeño masaje en el cuello para intentar pillarla desprevenida pero no pude encontrar su punto. Sin saber cómo, y exhaustos por el juego de las cosquillas, acabamos abrazados. Mis brazos rodeaban su cuerpo y mis manos acariciaban su espalda, tímidamente al principio, no sabía cómo iba a reaccionar… me apetecía tanto rozar su piel… Pero poco a poco las caricias se volvieron intensas, mis manos empezaron a desear su piel verdaderamente y entre risas y tonterías nos encontrábamos muy a gusto el uno con el otro. Ella cantaba haciendo la tonta he insistí que cantara bien, realmente canta bien si se lo propone, mientras, yo, acariciaba su espalda… mis manos se hundieron debajo de su camiseta para notar su piel y ella se estremecía con cada centímetro que subía a lo largo de su espalda.
Comenzó a acariciar mi brazo, agarrándolo, para más tarde dejar su mano caer por mi cuello acariciándolo, acariciando mi oreja, mi pelo, con unos tirones que eran perfectos, suaves, firmes y pasionales… Mi boca se dejo caer por tu hombro, un beso, otro beso, tan suave como el roce de una pluma hasta llegar a tu cuello donde un muerdo se me escurrió entre susurro y susurro… Tu piel, tanto si la acariciaba como si la besaba o mordía, me encantaba… me encanta.

En la despedida mi cuerpo llamaba al suyo, no hacía falta nada, nada más que un simple roce de mis manos en su espalda y de sus manos en mi pecho para volver a juntarnos, su cuerpo llamaba al mío… Sin pensarlo y por el anhelo de uno de sus besos la levante con decisión y la coloque encima mío, sus piernas se cruzaron rodeando mi cadera mientras su boca mordía y besaba mi cuello…”

No sé si son mis caricias o es tu piel ardiente, pero… ¿Sabes qué?...







 Tengo ganas de rozar tu piel…

Juego de seducción...



Yo salía de trabajar por la noche y decidí salir un rato, me sentía extraño, excitado y con cierto misterio en mi interior, no sabría explicarlo con palabras, era algo distinto, estaba seguro de mi mismo.
Salí solo, sin compañía, sin rumbo, donde me llevaran mis pies. Acabe dentro de un local, era oscuro, ambientado con velas, tenia “algo” que me gustaba. Me pareció muy extraño pero todos se fijaban en mí, me mire por si tenía algo en la ropa, pero no, las chicas me deseaban y los chicos me miraban impresionados. Era una noche cargada de expectativas y un morbo muy misterioso, algo exótico y diferente flotaba en el aire, no lo comprendí hasta más tarde.

Me fije en una chica al lado de la barra que no paraba de mirarme, parecía que me estaba esperando, me dirigí hacia ella nerviosa, guiado por un impulso inevitable, y poro a poco se acerco a mi cuerpo hasta susurrarme en el oído que la siguiera, eso hice. Me llevo a un cuarto con muy poca luz, había una cama con sabanas de seda roja, tan lisa que parecía imposible. Se sentó y me acerque a ella y la bese en los labios, sin mediar palabra, ella sorprendida me sentó y comenzó a besarme el cuello, sabia besar cada parte de mi, parecía adelantarse a mis necesidades y yo a las suyas, me despojo bruscamente de la ropa y dejo caer su vestido azul con un susurro tan ligero que era casi inaudible, debajo tenía unas braguita del mismo color de sus ojos que dejaban poco a la imaginación… tenía el cuerpo más hermoso de cuantos había visto, mezclaba una calidez fría que me inducia al deseo.

Lentamente me tumbe en la cama mientras dejaba que ella me enseñara los secretos que escondía aquella noche. Se sentó sobre mi y comenzó a deshacerse de mi ropa interior con unos dedos tan agiles que apenas le costó esfuerzo alguno, lamio mi pecho y mi cuello, ella sonreía y vi la lujuria de su mirada, era misteriosa y dios… como me atraía. Comenzó a besarme y a morderme lentamente hasta hacer sangrar mi labio, lamio mi sangre y se deslizo hasta mi cuello, allí me dio otro pequeño mordisco, me arañaba la espalda, tanto deseo la desbordaba. Entonces empecé a entender donde y con quien estaba… pero no podía creerlo…

Me sentía algo mareado y me moría de deseo por ella, poco a poco su mano se acercaba a mi sexo y comenzó a jugar con el rítmicamente, yo temblaba y gemía, no sabía que le pasaba a mi cuerpo, estaba desbordado pero no quería que parase. Su boca se acerco a mi sexo, empezó a lamerlo y a metérselo en la boca con el mismo ritmo, era delicioso, estaba totalmente excitado y me retorcía de placer con lo que esa mujer de ojos morados claritos me estaba haciendo sentir… La pasión que sentía aumento y se volvió incontrolable, le alce la cara y comencé a besarla, ella estaba tan ansiosa como yo, pero esta vez yo manejaba la situación, la agarre con una mano la cintura y comencé a explorar todo su cuerpo; mi lengua se introducía en su sexo sin parar y la hacía retorcerse de excitación y placer; sus fluidos se mezclaban con mi saliva y sus pezones endurecidos me llamaban, me acerque y acariciando sus pecho lamí y mordí suavemente sus pezones hasta hacerla gemir.

“Fóllame” me susurraste al oído, tu respiración agitada me confesó que estabas ansiosa y así lo hice, te penetre, fui suave y considerado al principio pero al ritmo que nuestra respiración y nuestro ritmo cardiaco aumentaba,  mi fuerza también lo hacía, ambos gemíamos y nos retorcíamos de placer, - y pensar que solo una pared nos separaba de toda esa gente, le daba aun más morbo -. Nuestras lenguas no paraban de juntarse, nuestros besos húmedos, dulces a la par que ardientes recorrían todo nuestro cuerpo; lo hicimos tantas veces que perdimos la cuenta, hasta quedar exhaustos.
Al día siguiente pensé en todo lo sucedido, pensé que fue un sueño, me levante, me lavar la cara y frente al espejo vi que en mi cuello aun tenia mordiscos y arañazos por la espalda, testigos de la noche de pasión, mi piel era ahora mas pálida, casi transparente… ya entendía que había pasado. Ocurrió sin más, todo aquello, tu, tu mirada y tu sonrisa erais hipnóticos, vi caer tu vestido azul y creí caer con él, debajo me encontré con una ropa interior del color de tus ojos morados, era lencería lujuriosa y sensual, con un encaje fino y elaborado y unas braguitas mínimas que me decían que te las quitara a muerdos, tu cuerpo perfecto…








Había caído bajo tu control…

Fuiste tu...



Dos años y medio con mi pareja. Todo aparentemente bien, aparentemente…

Esa noche… solo falto esa noche para darme cuenta de que te quería en mi vida. Toda la noche hablando contigo, esa Noche Vieja, mientras de reojo me observaba mi novio. Me encantaba hablar contigo, de que te rieras con mis chistes malos. No sabías que fuera así, así de risueña y boba, así de extrovertida a la par de tímida. Note como yo también te gustaban pero había un gran inconveniente, yo tenía pareja. Nos dimos el número de teléfono.

Al día siguiente, me escribiste. Hablamos todos los días desde el día que nos conocimos. A diario por Messenger, todas las noches. Yo me sentía culpable, sabía que aquellas conversaciones no estaban bien, eran normales de dos personas que se conocen. Todo el día pensaba en ti, en como seria si estuviera contigo, en cómo me besarías… Pero un “despierta” de mi conciencia me devolvía los pies a la tierra.

Tenía ganas de verte, de mandar a tomar por culo mi relación y los Kms que de ti me separaban. Me dejaba querer y tu a veces, te escondías tanto en ti, que me confundías, pero cuando estaba a tu lado tus ojos no me podían mentir. Me gusto tu altura, de casi dos metros, tu pelo moreno y tus ojos claros, a pesar de que no me llaman especialmente, era tu mirada.

Al cabo de un día, otro día, un mes y otro mes, ya no podía controlar estos sentimientos y pasaron 6 meses. Deje a mi pareja tras un largo proceso. Solo pensaba en ti. Estaba enamorada. Quería estar entre tus brazos. Pero te hacías mucho de rogar y eso me mataba, porque mi timidez me impedía decirte “Me gustas” o “Bésame”.
Esa noche salimos con los amigos, nos fuimos a las ferias, en coche, te sentaste a mi lado y me cogiste la mano, acariciándola. Mi piel entera reaccionaba de forma inmediata, todos los pelos se me erizaban y en mi estomago rebotaban ciento una mariposas. “Nunca nadie me provoco algo parecido”. Despertabas una atracción en mí, que jamás en dos años y medio me produjeron nunca. Eran tantos los nervios que me provocabas que de la vergüenza no podía ni mirarte. Entre risas y copas continuaron las caricias, por la espalda, me tenías descompuesta. Lo peor, es que no entendía porque me hacías débil, necesitaba que te lanzases, de que posaras tus labios en los míos, “Joder! ¿Es que mis ojos no te dicen lo suficiente?” “Me doy por vendida” pensé. Después de 6 meses hablando contigo, todos los días, de que he dejado a mi pareja… no veo, todavía, algo que espero “¿A qué juegas?”.  Estábamos todos los amigos y me voy con una amiga al baño. “¿A dónde vas?” me preguntas de manera seria y atractiva, “Al baño” respondí, “¿Por qué? En ese momento me hiciste un gesto, diciendo que me acercara, “Dame un beso” y me pusiste la mejilla. Yo obedecí, te di un beso en la mejilla, me puse roja y ya me iba. “chss chss, ven, dame otro beso” Me volviste a poner la mejilla, te fui a besar y de pronto, giraste tan rápido la cara que nos dimos un pico. Me subieron todos los calores a mi carita, me sonroje y me fui al baño más contenta que unas castañuelas. “Ahora ya te puedes ir” me dijiste serio mientras me guiñabas un ojo.

Cuando volvimos, todos juntos nos dirigimos al ferial., Yo no me monte en los aparatos porque me dan miedo. Montaron los amigos menos tu y yo. Te agarre por la cintura, por detrás de ti. Luego me pusiste tu delante de ti, me cogiste por la cintura y yo uff me arme de valor y te dije “¿puedo besarte la oreja?” “¿Segura?”. Me gire un poco mientras me agarrabas mi cintura y te bese la oreja, de reojo vi como cerrabas tus ojos. Pasaba mi lengua por tu lóbulo, mis labios húmedos por tu oreja y note como te estremecías ante ellos, porque me sujetabas con más fuerza la cintura. Seguí besando tu cuello mientras suspiraba, mi respiración se aceleraba y mi cuerpo pedía más; más de ti. Nos deseábamos. Comencé besando tu carita, acercándome a tus labios, pero sin llegar a rozarlos, quería provocarte, así es que cogiste y me besaste, fue todo tan despacio que silo repitieras a cámara lenta, sentiría como apoyaste tu labio sobre el mío, lo recorriste con tu lengua, nos fundimos en un beso; y yo me sujetaba a tu cabeza, sentía que me iba a marear uffff.  Nuestros amigos desde las atracciones nos vieron como nos besábamos, tú y yo con miradas cómplices sonreímos.

Entramos en una carpa, estabas pendiente de mí, observándome y guiñándome un ojo cuando te miraba, me sentía protegida y segura a tu lado. Decidimos irnos todos para casa, yo salí detrás de nuestros amigos y tú detrás de mí. De pronto me cogiste de la mano y tiraste de mi brazo, acercaste mi cuerpo al tuyo, me cogiste la cara con tus manos y me besaste sin apenas darme cuenta. Me encantan esos actos impulsivos. Intercambiamos nuestras salivas, me cogiste de la mano y salimos con los demás fuera de la carpa. Sin duda era mi noche especial, la cual estuve esperando desde hacía 6 meses, aun teniendo pareja, me hubiera dado igual, porque no iba a reprimirme de mis deseos.

Esa noche nos despedimos con un pico y una mirada que decía mucho. Sentía que eras tú, que te había encontrado, todo mi mundo se paraba ante tus ojos. Me abrazaste, note como abarcabas mi cuerpo entre tus brazos y yo me hacia vulnerable, me sentía protegida, fui tu niña durante años, completamente tuya.

Tres años y medio disfrutamos de nuestro amor, y ¿hoy?....


¿Te acuerdas de mí?







-Anónima.

Soy...





Soy lo que estas deseando hacer...

Mi deseo, Tu deseo... Nuestro deseo...



Desde hace tiempo sueño contigo… Sueño con ese pelo largo, con tus ojos oscuros y profundo, con tu boca dulce y sensual, sueño con una sola de tus caricias, la más tierna y pasional que seas capaz de darme, sueño con tus besos húmedos y ardientes, con tu sonrisa picara y tus miradas provocadoras, sueño con tu sexo y tu deseo… Sueño contigo.

Y más allá de ese sueño un día justo antes de dormir, de cerrar los ojos para volverme a encontrar contigo, vi que la luz de mi móvil brillaba, estaba en silencio, y me extraño… Eran las 3 de la mañana ¿Quién podía ser? La curiosidad mato al gato y no pude evitar mirarlo, eras tú, deseándome unas buenas noches, sorprendido conteste casi instantáneamente y tras un par de minutos de conversación me preguntaste si estaba cansado y quería dormir, mi respuesta fue firme y sin dudar, “NO”, mi voz se volvió fuerte y ruda, y tú reíste por la seriedad de mi respuestas. Me ofreciste que fuera a tu casa, tomarnos una copa, y charlar o ponernos una película, yo sinceramente no quería dormirme y para pasar una noche soñando tu boca, prefería tenerte delante aunque no pueda rozarte… Acepté.

Al tocar el timbre, abriste rápidamente. Estabas preciosa, deslumbrante… Tenías el pelo suelto, una sonrisa en tu rostro, una mirada que era capaz de paralizarme por completo. Tenias cubriéndote una bata larga y rosada que llegabas hasta por debajo de tus rodillas, “No querrá que la vea en pijama…” pensé mientras te admiraba. Nada mas reaccionar te salude con un “Hola pequeña” mientras esbozaba una de mis típicas sonrisas despreocupadas, tú sonreíste. Serví dos copas mientras tú ponías una película en el televisor, nos sentamos a verla mientras dejábamos que las copas, las risas, las miradas y los pequeños roces entre los dos nos achisparan. Terminamos las copas y puse los vasos en una mesa cercana, al sentarme me arrime a ti y una de tus manos se alargo para acariciar mi cuello y mi pelo, era extraño, no sabía que significaba y además era relajante pero muy excitante al mismo tiempo. Te levantaste un momento, sin saber yo para que, y al volver tiraste uno de los vasos, no se rompió y al agacharnos al cogerlo, tú por hacer como si no hubiera pasado nada y yo por caballerosidad y que no te agacharas, nos dimos un pequeño cabezazo y ambos caímos. Fue algo doloroso pero gracioso al mismo tiempo, caíste sobre mí, sobre una de mis piernas, estábamos a escasos centímetros de distancia, tu pelo caía sobre mi pecho, la bata que llevabas puesta se entre abrió dejando ver la parte de arriba de tu pecho decorado con un sujetador malva, no llevabas pijama… Ambos reíamos tímidamente mientras apartábamos la mirada, estas se cruzaron y todo cambió, trague todo lo que tenia dentro y me lancé, una de mis manos sujetaba firmemente tu espalda, ardiente y sensual, y mis labios se posaron en los tuyos. Te quedaste quieta, pero comenzaste a moverte encima de mi pierna rozándote.

El suelo no era el mejor sitio para esos menesteres y tras unos minutos pasamos al sofá, me quite la camiseta y vi como me observabas detenidamente mientras tú dejabas caer tu bata, dejando ver tu combinación malva que yo otras veces solo podía haber imaginado… Estabas preciosa.
Te tumbe boca arriba y comencé a acariciar cada parte de tu sensual cuerpo, besaba tu cuello, lamia tus pechos, estabas realmente linda, con tu cabeza echada para atrás y tu braguita apretando en mi pierna.
Abriste el cajo de una mesita cercana y sacaste un lubricante de efecto calor y de sabor dulce, “Es comestible” sugeriste como quien no quiere la cosa. Te lo arrebate de las manos y tumbada boca arriba te desnude por completo, te ruborizaste un poco y yo deje caer un poco de este gel sobre tu cuerpo, desde el borde de tu sexo hasta tu cuello pasando por tu barriguita y tus pechos… Te estremeciste mientras este gel caía sobre ti, estaba frio y tu piel se erizo, sonreí mientras me agachaba para empezar a lamer el gel por tu cuerpo, empecé por el cuello y fui bajando en riguroso orden, por tus pechos, calientes y suaves, jugué con ellos unos minutos, fui bajando por tu vientre hasta llegar a tu sexo donde me detuve otros minutos, rozando tu clítoris con mi lengua, con cada masaje tú te tensabas y entre temblor y temblor pude notar un pequeño orgasmo, me agarraste la cabeza, tensaste todo tu cuerpo y te relajaste.
Me miraste algo enfurruñada, y yo sabía porque… “¿También quieres jugar?” pregunte con una sonrisa picara. Me tumbaste y vertiste gel en mi pecho, acto seguido lamiste cada centímetro de mi cuerpo. Jugaste con mi miembro un rato largo hasta el punto de pedirte que pararas, no quería que eso acabara ahí… Te vertiste un par de gotas del gel lubricante sobre la lengua y me besaste, creo que es el mejor beso de mi vida y de lo más excitante… Te pusiste sobre m, estábamos tan excitados. Tú estabas húmeda, o mejor dicho, más que húmeda completamente mojada, yo estaba completamente erecto, no podría estar más excitado y mi miembro palpitaba de la tensión… No hizo falta lubricante, entro de golpe, hasta la empuñadura, por así decirlo. Tus piernas te empujaban y te impulsaban para entrar y salir, cada vez que estaba dentro me hundías en el mejor de los placeres y cada vez que me hacías salir un miedo a correrme invadía mi cuerpo. Te comí la boca, te lamí los pechos… quería disfrutar del momento por si no volvía a repetirse nunca. Tú te movías ágil y sensual, yo apretaba fuerte, tan fuerte que temí hacerte daño. No tardamos más de veinte minutos hasta que nos vimos las caras mientras nos corríamos, gemíamos y gritábamos de placer casi al mismo tiempo.
Nos quedamos abrazados, agotados, yo aun dentro de ella mientras mi miembro menguaba. Decidimos recoger todo aquel desastre y como aun quedaba algo de tiempo hasta el amanecer, decidimos ducharnos. Mala idea. La ducha era bastante pequeña. Ambos nos enjabonábamos por delante, luego tu me enjabonaste por detrás centrándote en mi culo, después me toco a mi enjabonarte la espalda y me centre en tu culo, el cual se levantaba y se rozaba contra mí. Te gire y apague el grifo de la ducha, me miraste como unos minutos antes ya lo habías hecho, y me provocaste con un beso fuerte y pasional mordiéndome el labio. Sin pensármelo, te levante con fuerza y te apoye contra la pared, tus piernas me rodearon y mi miembro entro de nuevo en ti, tu gritaste y te reíste mientras yo empujaba cada vez con más fuerza, aquello se volvió algo salvaje, yo sujetándote en el aire contra la pared, empujando, tu arañándome la espalda mientras me mordías el cuello, era increíble, me encantaba. Te corriste, gritabas y me arañabas, jadeabas y me mordías… te baje al suelo y tú en vista de que yo no me había corrido, te pusiste de rodillas y te metiste el miembro en la boca, al principio solo la punta, lamiéndolo, pero poco tiempo tardo en desaparecer dentro de ti, era excitante y mis manos acarraban con fuerza tu cabeza, ya no podía mas y pasaste a jugar con tus manos. “Córrete” dijiste y sin pensarlo, un impulso nervioso recorrió mi espalda y note como estallaba.

Ambos acabamos realmente agotados, salimos de la ducha y nos vestimos, ya había amanecido. “Como corre el tiempo” dije riendo, tu tenias que ir a la universidad y yo debía ir al trabajo. Agotado, no podía parar de pensar en ti, en tu belleza y sensualidad, en tu pelo largo y tu mirada profunda…
Pensando en tenerte, cuando mis sentidos intuyen tu presencia y desbordan mis impulsos, en vivirte cuando tus silencios rozan mi piel escuchando todos mis alientos, sentirte cuando mis manos recorren tus sueños y tocan tus labios, beberte cuando mis labios llegan al filo de tu boca y me vuelvo loco. Loco porque gozo de perfume, ese que sigues desprendiendo en mis sueños, sueños donde toco tu piel mientras tiemblan mis dedos. Dándome cuenta que no soy nadie, nadie para sentirte… Solo soy… todo tuyo.

 Llegó la noche y justo antes de dormir vi como la luz de mi móvil se encendía, eras tú, deseándome las buenas noches y preguntando…

¿Tienes sueño?







Pero eso es otra historia y la contare en otro momento…

En aquella playa... "Primer encuentro"



Después de más de un año trabajando duro, ya era hora de unas buenas vacaciones. Me senté delante de mi ordenador para ver posibles destinos, ver ofertas de viajes y hoteles y buscar un sitio a ser posible paradisiaco para descansar… Encontré un Hotel que pintaba bastante bien, en Punta Cana, la idea me sedujo desde el principio y reserve una habitación de matrimonio y dos billetes de avión.
Era el mes de Octubre y por esas fechas ya empieza a hacer buen tiempo en punta cana, te llame al día siguiente, “Me voy de vacaciones a Punta Cana, esta misma tarde” “¿Qué? ¿Así de pronto?” “Así es, pero hay algo mas, Tu vienes conmigo” dije esto último soltando una breve carcajada a través del teléfono. Callaste durante unos segundos y rompiste el silencio, “Yo… no puedo” “No te lo he preguntado” dije con voz picarona, “Acepto”.

Solo necesitaba escuchar eso como esperaba, te comunique que en hora y media estaría para recogerte y nos fuéramos, hice la maleta, nos montamos en el coche, en el avión y horas más tarde estábamos en Punta Cana. Aquello era simplemente precioso, relajante y sinceramente excitante. Dejamos las maletas en el hotel y fuimos a cenar, entre charla y charla cenando todo eran risas, yo estaba cómodo y tú para tu sorpresa, también lo estabas. “Pero, ¿Cómo has hecho esta locura, porque yo?”, mi respuesta fue rápida, sin dudarlo y sobre todo concisa “Quería tenerte conmigo”, de pronto el entorno cambio, lo que eran risas se convirtió en dos miradas, cruzándose e intentando comunicar cada pensamiento a la otra persona, si hubiera podido transmitirte lo que pensaba… Mientras terminábamos el postre me atraganté, note como tu pie, desnudo, subía por mi pierna. Me sonroje y tu soltaste una carcajada mientras decías “¿No eras tú el atrevido de los dos?”, me habías pillado, me sonroje por una tontería así que lo único que hice fue sonreír y decirte que exigiría mi venganza.

Después de la cena te invite a tomar una copa, comenzamos a hablar a contarnos las ultimas anécdotas que nos habían sucedido, contamos un par de chistes y todo era muy relajado y muy divertido, después de 3 o 4 copas andábamos un poquito “atontados”, nuestras miradas se cruzaron, note un cosquilleo que recorrió cada centímetro de mi espalda y ambos nos ruborizamos así que te ofrecí ir a dar una paseo por la playa, cosa que ambos estábamos ansiosos por hacer, era una playa interminable, de arena fina y blanca, unas aguas cálidas dentro de lo que cabe y más clara que el propio agua embotellada. El cielo lucia despejado y una Luna llena, baja, grande y blanca como la nieve alumbraba todo aquel paraíso y aunque todo aquello era realmente bonito y digno de mirar cada detalle, yo no podía apartar mi vista de ti.
Me tumbe en la arena a observar la Luna, estaba realmente bonita. Te tumbaste a mi lado y nos pusimos a charlar, esta vez las conversaciones eran muchas intimas y profundas, “¿En serio quieres tenerme aquí contigo? Podrías tener a quién quisieras…” “Siento desilusionarte pero tarde menos que lo que dura un pestañeo en decidir que quería tenerte aquí” se hizo un silencio, yo miraba la luna y sentí como agarrabas mi mano, la presionaste varias veces para llamar mi atención y al girarme estabas frente a mí, preciosa… tus ojos marrones, profundos como la oscuridad de aquella noche, tu pelo castaño y largo, tan largo como ese momento justo antes de rozar tus labios y tu sonrisa, tan linda, que encajaba perfectamente en tu rostro y que fue capaz de enamorar la mejor parte de mi desde el primer día que la vi… Me susurraste “Acércate” y nuestros labios, húmedos, ansiosos por rozar los opuestos, y nerviosos por el beso inminente, se acercaron muy poco a poco y justo antes de rozarse por primera vez… amagaste, lo justo para pasarlos de largo, como si te recrearas… me acerque a tu oído y te susurre “Te apetece jugar ¿Verdad?” en ese momento mi mano se alzo sobre tu cintura, acerco tu cuerpo al mío de manera suave pero firme, y mientras tu brazo se posaba sobre mi cuello mi mano subía por tu espalda, agarre tu nuca y te acerque a mí, roce tus labios de lado a lado mientras los lamia muy despacio, el beso comenzó de manera dulce pero pronto nuestras bocas se llenaron de pasión, abriendo la una a la otra mientras nuestras lenguas jugaban a pillarse, llegue hasta el último rincón de tu boca y tu recorrías mi cuerpo con tus manos, yo me deje llevar y preso de mis deseos tú te convertiste en mi dueña. Rotamos sobre la arena y te pusiste encima mía, separaste nuestros labios y comenzaste a besar mi pecho mientras mi erección era más fuerte, seguiste bajando jugando con mi vientre y mi ombligo con tu lengua y deslizaste tu mano por dentro de mi pantalón, tu llevaste las riendas de la situación durante unos minutos hasta que decidí que era hora de actuar por mi cuenta, te tumbe en la arena y empecé a besar y morder tu cuello, de forma tan sensual que se te escaparon leves gemidos, mi mano es escurrió debajo de tus vestido y recorrió todo tu sexo, estaba tan húmedo que no fue difícil empezar a jugar contigo, metí dos dedos mientras mi pulgar estimulaba tu clítoris. Tu respiración se agito y se volvió rápida debido al placer que sentías, me excitaba tanto oírte disfrutar… Te prepare durante unos minutos y quise devolverte el placer oral que me distes deslice mi lengua desde detrás de tu oreja, pasando por tu pecho y vientre, hasta tu sexo. Ambos estábamos disfrutando, todo era perfecto, la pareja, la noche, el paisaje paradisiaco y el sexo.

Me tumbaste boca arriba dejándote caer sobre mí con las piernas abiertas y con la ayuda de tu mano derecha introdujiste mi miembro en tu sexo, entro sin excesiva dificultad mientras tu cerrabas los ojos, abrías un poco tu boca y dejabas escapar un gemido placentero que salió desde lo más profundo de ti, comenzaste a moverte, mirándome con esa mirada picara y esa sonrisa seductora que te caracterizaba.  El ritmo cada vez era más fuerte, los dos gemíamos y gritábamos pero no querías acabar en esa postura, te tumbe sobre la arena y me coloque encima de ti, tus piernas rodearon mi cadera y comencé a moverme bastante más duro, los gemidos se volvieron constantes, tus pechos se movían con cada empujón que recibías hasta que ninguno de los dos podía aguantar un segundo más. Terminaste escasos segundos antes que yo y nos quedamos tumbados en la arena, exhaustos, besándonos con pasión y abrazados…

… Volvimos al hotel y descubriste algo que pasaste por alto, no eran dos habitaciones sino una de matrimonio, entraste en la habitación y miraste para atrás sonriendo y mirándome de forma provocadora, me acerque a ti, parecía un verdadero hombre, me quite la camiseta y tú te sentaste en la cama debido a que yo estaba demasiado cerca, te tumbe suavemente, me coloque encima de ti y susurre…










…”En aquella playa, solo fue nuestro primer encuentro”.

Esperando la tormenta...


Nada más entrar en mi habitación, soltamos los abrigos y te tumbe sobre mi cama, me coloque encima de ti y me acerque a tu boca. Nos miramos de forma apasionada, nuestros labios húmedos estaban a 2mm de distancia, nuestros ojos se intentaba descifrar unos a otros y nuestras mentes solo pensaban una cosa… “bésame, por favor”.
La tarde paso muy divertida, pero yo no me sentía bien, sabía que él volvía pronto, cada segundo que pasaba anunciaba su llegada e inevitablemente mi retirada, no quería perderte, yo… me enamore de tu sonrisa, de tu mirada seductora y de tus labios suaves.

Tú estabas sentada en mi silla y yo estaba tumbado en mi cama, pensando, pensado como podía sacarte una sonrisa, pensando cómo hacerte feliz. Te levantaste y te viniste a la cama, te tumbaste junto a mí, me abrazaste y pusiste tu cabeza sobre mi pecho, “Tu ladito del corazón, es cálido, es calmado, me gusta” me dijiste mirándome a los ojos, yo calle y sonreí sacando a la luz su preciosa sonrisa. Cada pensamiento por mi cabeza me decía que me quedaba poco tiempo, cada pensamiento me decía que te iba a perder, y no quería, por nada del mundo… Cogí aire para intentar despejar mi cabeza, y al suspirar abriste tus ojos, aun estabas apoyada en mi pecho, escuchando como mi corazón susurraba tu nombre… Me miraste y me dijiste “¿Qué te pasa, estas bien?” “No quiero perderte…” mis ojos se inundaron pero no iba a llorar, solo quería aprovechar cada segundo contigo aunque mi cabeza no paraba de repetirme que te irías de mi lado. “No vas a perderme,  lo prometo, no quiero perderte tampoco” dijiste. Ahora dime, se sincera y contesta por favor…







…¿Volverás?

Sensaciones...



Estaba ella en casa, sola y aburrida. Ya había leído, tenía todo limpio y nada interesante por ver en la televisión. Decidió escribirme, una manera amena y simpática de pasar el tiempo entre risas, charlas, tonterías y por qué no cosas serias. Por supuesto mi respuesta fue afirmativa.

                Una vez los dos en el piso, entre tantos vaciles, decidimos jugar a “yo nunca miento” con chupitos de Ron. Muy apropiado para una tarde-noche de invierno. Varios chupitos, uno tras otro entre tantas risas. “Yo nunca he desnudado a alguien con la mirada”, ambos nos miramos, ella se ruboriza, los dos bebemos. Y por un mísero segundo, es como si el ambiente hubiera cambiado y se hubiera hecho más serio. El sentido de las preguntas estaba cambiando de rumbo. “Yo nunca he querido besarte”, ella se queda parada, yo bebo. Entonces es cuando decide ir a la ducha, pues su cobardía le impedía dar paso a su sinceridad. Yo, mientras, espero en el salón viendo la televisión.

                Muy aturdida ella, medio afectada por los chupitos, decide ducharse como vía de escape, porque estaba en pijama y porque así, se despejaría un poco. El alcohol le hace vulnerable. Tras la ducha, se pone la toalla liada al cuerpo y se dirige a su habitación a vestirse. Yo aparecí de pronto, que con la pregunta de que no encontraba el mando de la televisión hice que ella se asustase y se pusiera roja. Y por otro segundo, lo suficientemente largo como para que saltaran chispas, le dije que estaba preciosa, ella agacho avergonzada la cabeza y yo le pregunte porque había evadido esa pregunta. Y su contestación fue “no debo contestarte a eso”. Instantáneamente gesticule una breve sonrisilla y sabiendo, ya, donde estaba el mando de la televisión, la deje para que se vistiera  mientras la esperaba en el salón.

                Ella, era consciente que sus silencios hablaban por si solos, pero no le salía, tan siquiera, respuesta borde o vacilona. Una sensación un tanto rara y cobarde, por supuesto. Por eso, era mejor a su parecer, agachar la mirada. Yo, impaciente por verla, por sentirla, por besar y acariciar sus labios, estaba desconcentrado. Intuí que era mutuo, pero no entendía comportamiento alguno por su parte.

                Los dos, sentados en el sofá, y dejando pasar un estúpido velo a lo anterior, nos pusimos a ver una película, volviendo a las risas y dejando atrás los silencios delatadores e incómodos. Por alguna razón, nos empezamos a hacer caricias por la espalda, con la camiseta y el pijama un poco levantado, nuestras manos acaloradas comenzaban a sentir el calor que desprendían. Me gire para verla, pues notaba su respiración un tanto intensa, acelerada. La vi y tenía los ojos cerrados a la par que ella también me acariciaba la espalda, me agarraba con fuerza y podía sentir el calor de su mano por mi piel, cada vez más deseosa de sentirlo.

                Me puse de cara a ella, le pregunte que la tenía tan inquieta, nerviosa y acalorada, ella abrió los ojos, me miro y no dijo nada. Yo observe detenidamente sus ojos, expresivos, mirándome, su boca deseosa de sentirme y como sus gestos hablaban por si solos. “Voy a besarte” le dije sin reparos, ella ruborizada, se quedo parada, no dijo nada. Acaricie su boca con mis dedos, concretamente con el pulgar, ella instantáneamente abrió la boca y yo la bese… en la frente. Ella se quedo desconcertada, con ganas inquietantes de que se juntaran sus labios con los míos ¿y la beso en la frente? Cerró los ojos, yo sonreí irónicamente. Me acerque nuevamente y le di un beso en la mejilla, estaba haciéndome de rogar, puesto que ella se queda callada aun sabiendo que me desea. La bese en la otra mejilla, ella abre un ojo y me encuentra con una sonrisilla irónica, una escena un poco cómica. Mi mano de forma dura, apasionada e intensa recorrió su espalda sintiendo el calor que desprende su piel. Cierra los ojos nuevamente a la espera de intuir que reacción tendría yo. Se acelera su respiración y su deseo por mi crece por momentos, separo su cara con mi mano en su cuello, oreja y con el pulgar en sus labios, le di un ligero beso en la comisura de sus labios. La observo llena de deseo y le digo que no se impaciente, que la voy a besar pero que no tengo ninguna prisa, que el tiempo es solo para nosotros dos y voy a ir con calma, quiero hacerte sentir cada caricia, cada susurro, cada respiración, hacerte sentir viva y ardiente de pasión, de manera que sus ojos, sus labios, su pecho, su sexo y cada poro de ella misma, se enloquezcan y sea ella quien me pida que le haga el amor.

                Me muestro paciente, sabiendo lo que hago en todo momento y a la espera de que ella se arme de valor y saque la fiera que tras su cobardía, yo se que lleva dentro. Es en ese momento, cuando la noto tan deseosa, que le digo que beba ese chupito que dejo antes si de verdad ella también quiere besarme. Abre los ojos, silenciosamente me mira y se bebe el chupito. ¿La película? Había pasado a un segundo plano, o tercero, o cuarto, no lo sé. Entonces yo, tras la ingesta del último chupito de Ron, me acerco a su cara, una mano acaricia su cintura, sentados en el sofá, y mi otra mano acaricia su cara, me acerco detenidamente a sus húmedos labios y le muerdo el labio inferior, ambas lenguas se juntan en un cálido beso que va en aumento, ella me agarra del pelo mientras atrae mi cuerpo al suyo, siento que me desea y quiere sentirme dentro de ella. Un beso tan intenso que provoca el despertar de la fiera que ella lleva dentro. Me quita la camiseta y me observa, se quita su parte de arriba del pijama, se queda en sujetador y se coloca encima mi, sobre el sofá, me besa de manera dulce y atrevida mi cuello, me acaricia el torso de forma intensa, con deseo, siente atracción, la cual tenía perdida, y yo contento de haber despertado a la fiera que anhelaba hallar, le digo “quiero que me desees, que te sigas ruborizando y hacerte mía entre mis brazos para demostrarte quien puedo ser”. Ella, con los calores y sus rojeces propias me contesta con una sola frase “Hazme el amor y fóllame”.

                Me rio con un gesto, y ella, ardiente de pasión, me observa, pues yo sabía lo que hacía y esa era la respuesta que esperaba. Acto seguido, me pongo serio, la miro, no aguanto y le como la boca de forma apasionada. Quiero tenerla entre mis brazos, quiero que el cuerpo se le estremezca, que gima de pasión, que se ponga roja, que me pida más y más. La levanto y me la llevo a su cama, la desnudo y me desnudo. No pierde detalle de su pelo, su pelo largo y rizado sobre la almohada, su pecho ardiente de ser acariciado, su sexo mojado impaciente de sentirme y sus piernas suaves, “Me encantas”. Ella se pone encima de mí, me tumba en la cama y mientras me besa el cuello me dice “Te deseo, mucho”. Siente como mi sexo va creciendo por momentos y lo acaricia mientras que sus manos se pierden en mi cuerpo. Quiere que la folle la boca, y así lo hago. Pierdo los papeles y abandono mis ojos mientras disfruto de la supuesta personita vergonzosa que dejo la vergüenza de lado y saco la fiera apasionada que lleva dentro, “Ahora me toca a mí, sin prisas, tenemos todo el tiempo”. Acaricio sus pechos y la beso,  mis ardientes manos sienten su piel, su dulzura, y van bajando por todo su sexo, la siento tan mojada a la par que mis dedos me muestran que esta lista para hacerla mía. Ella jadeando de deseo me pide por favor que le haga el amor. La miro, y comienzo a penetrarla, despacio al principio, sintiendo cada sensación que despierto en su piel. Una y otra vez, aumentando el ritmo y la respiración, tengo que parar, estoy muy encendido. Decido atar las manos de la chica al cabecero de la cama, poseo su cuerpo tocando cada parte de su ser, observando sus reacciones y sintiendo su debilidad ante cada caricia mía. Me meto entre sus piernas, acariciando con mi lengua su sexo, “Córrete para mi” y ella obedece y siente como su cuerpo explota, como si de un volcán se tratase y se deja llevar por aquello que tanto temía al principio de esta historia.

                Ardiente de pasión y de locura, le desato las manos, y ella toma las riendas poniéndose encima, esta tan mojada que la siento a la perfección llevándome a la locura, orgulloso de haberla despertado; acaricio sus pechos sintiendo como se erizan ante el roce de mis dedos. Quiero manejar la situación teniéndola debajo para sentirla más cerca y terminar mirándola a los ojos cautivadores que tanto me descolocaron desde la primera vez que la vi. Así es que la miro, el beso mientras la penetro y ella jadea conforme me sujeta fuertemente la espalda, con ganas, como arañándome, sudando y sintiendo mi piel, sintiendo mi sexo, mi calor, “Córrete” y yo, sin dudar un segundo, abandono mi mente y me dejo llevar ante sus palabras…







“Eres más de lo que esperaba”, “Quiero hacértelo, y que me desees”, “Me encanta estar dentro de ti”. Ella se sonroja y con una ligera sonrisa contesta “Quiero beber de tu boca”.

Como fuego...



Nada más terminar mi jornada en el trabajo, mire en móvil en busca de algún tipo de mensaje o llamada que pudiera arreglarme y alegrarme un poco el día… Fue un día duro y solo me quedaba volver a casa y dormir hasta el día siguiente para volver de nuevo a lo mismo. Me monto en el coche sabiendo que no recibiré nada cuando llega un mensaje, eras tú, parecías tan inocente… Me invitabas a ir a tomarnos algo juntos, charlar y pasar algo de tiempo entre sonrisas. Sin pensarlo dos veces, accedí.

-         -¡Hola! – Dijiste emocionada al verme.

-         -Hola, ¿Te hice esperar mucho? – Te conteste con una sonrisa simpática.

La noche transcurrió entre copas suaves y charlas divertidas,  mis ojos se clavaban en ti mientras recorría tu cuerpo, tus piernas, tu cintura y sin poder evitarlo imagino cómo te beso y veo como suspiras justo después de ese beso, imagino que acaricio tu cuello, recorro mi mano por tu espalda, tú te estremeces y te ríes…

-          -( Despierta) – Pensé. Ella esta fuera de tu alcance.

De pronto tu voz penetro en mi cabeza y me sacaste del trance en el que mi imaginación me había metido.

-          -¡Ey! ¿Estás bien? – Preguntaste extrañada.

-          -Si, si, perdona es que me distraje – Respondí queriendo disimular.

-          -Oye ¿Que te parece si vamos a mi casa… y continuamos allí con una copa la charla? – Mientras                     
            sonreías.

Era la primera vez que veía esa sonrisa, conocía muchas, pero esa no…

-          Claro, por mi perfecto, allí estaremos más cómodos – Respondí.
Una vez en la puerta de tu casa, me dijiste que me quedara unos minutos en la puerta y que cuando me dieras un toque al móvil, pasara. Así lo hice, espere y al cabo de unos 30 minutos recibí una llamada perdida tuya, y acto seguido me dispuse a entrar.
Nada más entrar, un pequeño sendero de velas blancas se abría paso ante mí, “Sígueme” decía un pequeño papel sujeto con un poco de celo en un gran jarrón de la entrada y como si de un juego se tratase cumplí sin dudarlo las órdenes recibidas. Una veintena de velas iluminaban la estancia y la tenue luz de ellas me permitió verla. Estaba tumbada en la cama, sobre la colcha, con una botella de champan abierta. No tuve que decir nada. Mis ojos se clavaron en ella y los suyos se detuvieron en los míos. Me deslice junto a ella, se giro lentamente y sin poder evitarlo la bese, un beso que atravesó mi alma y me convirtió en hombre, en mortal, en un ser vivo entregado total y únicamente a su deseo… mi corazón late tan deprisa… Ella me acaricia el pelo con mucha suavidad mientras bebemos el uno del otro, mientras nos convertimos en uno solo. Con leves caricias le abrí la boca e introduje mi lengua, poco a poco nuestros cuerpos se acercaban. Sus besos, delicados, lentos y suaves fueron bajando por mi cuello. Deslice mis manos por su pecho. Le quite la camisa y los pantalones. Ella no tardo en responder e hizo lo propio conmigo. Al tocar su piel, ardía, como fuego. Mis besos, cada vez más intensos se posaron por todo su cuerpo. Baje por su cuello para dejarme caer por su pecho, su abdomen y sus muslos. Sus piernas, temblorosas, se abrieron ante mi llegada. Yo ardía por momentos. Mis dedos recorrieron todo su cuerpo, sus manos abrasaban cuando agarraba mi espalda con fuerza. Busque su lengua, sus labios y sus besos. Yo la deseaba tanto como ella a mí, el deseo se apodero de mí y se convirtió en mi dueño, yo solo deseaba hacérselo saber de una manera dura y a la vez suave. En cuanto nuestras miradas se encontraron la sentí. Sus piernas se abrieron finalmente para dejarme entrar, para dejarme entrar una y otra vez. Rodeo mi cadera con sus muslos, me deseaba, me quería todo para ella, me quería tan cerca de ella dentro suya. Perdí el sentido del tiempo, des espacio, nuestros cuerpos, cada vez más calientes se movían más y más rápido. Entonces, y sin poder evitarlo…





…ardimos.

Una noche...



Otra noche salía del trabajo después de 8 horas… Ninguna distracción a la vista y mucho menos un estimulo capaz de hacerme sentir algo distinto, así que decidí salir a tomar algo a un bar de copas. Me senté en la barra y pedí una cerveza.
Mire hacia la derecha y allí estabas,  radiante y sexy, me acerque a ti y dije:

-          -¿Puedes desear a alguien que no sea tu pareja?

Te sorprendiste, reíste tímidamente y agachaste la mirada… Yo, por mi parte, me presente y comenzamos una larga charla y con cada palabra mi interés por ti crecía, pronto te convertiste en mi único punto de atención, el bar completo enmudeció para mí y te convertiste en mi único haz de luz en medio del bar completamente oscuro.

-          -Dime, un chico como tu estará rodeado de chicas ¿no es así? – Me dijiste

-          -No me rodean, se colocan encima o debajo – Te contesté.

Creo que fue esa mezcla entre atrevimiento y diversión la que te atrajo y se convirtió para ti en algo adictivo, aunque sabias que no debías, cada noche volvías al bar en busca de una dosis.

-          -Creo que esas cosas que me dices se las dirás a todas – Dijiste

-          -Para nada, como mucho a todas las chicas que se parecen a ti – Dije yo sonriendo

Pronto todo empezó a darme igual, todo desapareció en mi vida y me di cuenta de que mi único pensamiento se redujo a ti, a nosotros.
Tú volvías cada noche a casa y en la cama debías pensar que estaba mal lo que hacíamos, tus motivos tendrías que me dirías mas adelante y no tardaste en decírmelo. A la noche siguiente decidiste informarme de algo.

-          -Tengo pareja, hace un año – Fuiste directa, fuiste concisa y fuiste fría.

Pero lejos de asustarme mi interés por ti aumento y no me aleje si no que dije:

-          -Por ahora solo me interesas tu, conocerte. Te esperaré aquí mañana a las 8.

-          Por favor, no me lo pongas mas difícil, te deseo pero tengo pareja, no puedo – Y sin decir una palabra más, saliste corriendo por esa puerta que cada noche te veía entrar con una sonrisa.

Pasaron unos días sin saber de ti, aunque mi interés por ti no había desaparecido, durante dos noches fui al bar a ver si estabas, pero no apareciste. Al tercer día fui a cenar a un restaurante con una chica, rubia, ojos claros… Preciosa, y para mi asombro, allí estabas, me senté relativamente cerca lo suficiente como para poder escuchar tu conversación con tu chico desde mi mesa. En mi mesa el tiempo pasaba ameno, charlas dinámicas, risas y complicidad… En tu mesa silencio incomodo, miradas huidizas y seriedad…

Mis ojos se clavaron en ti, tú bajaste la mirada y desde mi mesa pude notar tu nerviosismo, tus piernas temblorosas y tus escalofríos por el cuerpo. Te hice una señal con los ojos para que te levantaras y fueras al baño y tras unos minutos dudando de hacerlo o no le dijiste a tu pareja que necesitabas retocarte el maquillaje en el baño, te levantaste y te fuiste… Nada más entrar te refrescaste la nuca con un poco de agua, una lagrima resbalo por tu mejilla, eras tú, era yo, éramos los dos y nos lo jugábamos todo… Cuando levantaste la cabeza y miraste al espejo allí estaba yo detrás de ti, observando. Me acerque a ti y note como mi presencia te invadía, no opusiste resistencia y tu confianza me dominó, tu mirada me volvió loco. Sujete con mis manos las tuyas contra la pared y fui bajando por tu cuello, y de tus labios bebí toda la pasión que me entregaste. Cada ligero roce en tu cuello se transformaba en un escalofrió que te recorría entera. Mordías muy despacio mis labios mientras una de tus manos se perdía en mi ropa interior. Baje mis manos a tu cintura, acariciándote, una mano se perdió bajo tu falta debiéndola muy suavemente y la otra desabrochaba el único botón que separaba tus pechos de mi mano, mi boca mordía en ese momento suavemente tu oreja. Disfrute rodeándote con mi cuerpo, poseyéndote. Al fondo podíamos ver nuestras imágenes en los espejos lo cual lo hacía si cabe más excitante. Eras mía, yo lo entendía y tu lo deseabas, te gire rápidamente y te coloque encima mía, me encantaba como me sonreías sabiendo que el momento se acercaba. En ese momento sentí como tu respiración se aceleraba en mi oído, tus ojos se dilataron y mi cuerpo entro dentro del tuyo… esbozaste una sonrisa.






-          -¿Qué te pasa, porque sonríes? – Le pregunté

-          -Si, se puede desear a otra persona que no sea tu pareja – Me contestó.

Tu respiración...




Allí estabas, en la estación de bus… Me pareciste muy alta y bellísima, nada más verte supe que me costaría contenerme. La conversación fue fluida y yo intentaba quitarte la vergüenza que aun llevabas contigo contaba como fue el viaje, contaba chistes y bueno se me ocurrió que jugáramos a los pulsos chinos para tener algo de contacto físico y de algún modo hacerte entrar en calor…. Llegamos a donde yo me alojaría un par de noches y te quedaste conmigo hasta la hora de volver a tu casa… sinceramente me encantaste y tuve que resistir mi tentación de besarte.

Al día siguiente ya te esperaba en la parada del bus, antes fui a desayunar y a comprar algo bonito para ti, me decidí por una “Rosa Eterna” o así me la vendieron, me dijeron que era una rosa que no se marchitaría en mucho tiempo… Yo no me lo creí pero bueno la compre, la envolví y le puse un lacito rojo, bajaste del bus y me pareciste más alta aun, cada vez me gustabas mas, no sé si era tu mirada tímida, tu sonrisa traviesa o simplemente tu pelo bailando con la brisa del momento, todo era tan… excitante. Nada más verte te di dos besos, el tercero me lo guarde, y te entregue el regalo, que no quisiste abrir en el momento y nos pusimos a pasear… te pregunte “¿oye te apetece que vayamos a ver una película a mi habitación?” y para mi sorpresa accediste rápidamente, una vez allí pusimos la televisión y nos tumbamos en la cama, abriste el regalo y te encanto, aquella rosa, estaba preciosa y lo mejor de todo es que aun hoy esa rosa sigue intacta. Viendo la televisión note un cosquilleo por la espalda, no sé que fue, pero desde luego me lanzo… Yo tenía el lazo en mis manos, más bien ya se convirtió en una cinta roja, y bueno empezamos a jugar a quitárnosla, nuestras manos tonteaban, jugaban y se acariciaban… lo recuerdo bien. Me arrancaste la cinta de un movimiento brusco, y te pusiste seria… metiste tu brazo bajo tu espalda y yo detrás del, mi mano rozo por un instante tu cadera, suave, al descubierto pues tenias la camiseta un poco levantada… cuando te roce te encogiste, como si hubiera tocado un punto clave de tu cuerpo… de pronto ambos paramos, un instante, como si algo hubiera pasado, y mi mano como si tuviera vida propia volvió a tu cadera, mis dedos acariciaban tu piel como si de plumas se tratasen, mi mano dulce pero firme rozaba tu cuerpo con ganas de protegerlo pero sobre todo, en ese momento, de poseerlo… mi mano iba subiendo, muy poco a poco por tu costado, con cada centímetro tu respiración se volvía mas violenta y brusca, más agitada y sensual, tus ojos se cerraban mientras que tu corazón latía con tanta intensidad que podía sentirlo tumbado a tu lado… mi mano bajo de nuevo a tu cadera para poder acercarte a mí y volvió a subir  con la misma velocidad y pasión de la primera vez, otra vez tu respiración se agitaba y tu corazón se aceleraba, tus ojos se tornaron cerrados y por un instante te mordiste el labio inferior, ese mordisco que aun recuerdo… poco a poco mi mano termino de subir y llego a rozar tu sostén , te encogiste de nuevo. Mi mano, juguetona, acariciaron tus pechos justo antes de posarse en tu espalda, una vez allí, te giraste hacia mi…

Mis ojos se incrustaron en tu mirada, nuestra respiración, tan agitada que se podría bailar a su ritmo y mi corazón a punto de saltar del pecho… cada poro de mi cuerpo exhalaba calor, cada pensamiento de mi cabeza tenía que ver con tu sexo. Mis manos recorrían tu piel, como si la conocieran de muchos años, cada curva, cada sensación… con un movimiento brusco y firme a la vez que sensual, te acerque a mi… nuestros labios se acercaron y por un instante no pude desear mas fervientemente la humedad de los tuyos, el tacto y la pasión que se avecinaba. Nos besamos y solo fue el principio del fin, nos sobraba la ropa y nuestro cuerpo lo sabía, nos comenzamos a desnudar el uno al otro, mi cuerpo ansiaba tu calor y tu cuerpo ansiaba mi tacto, mis labios anhelaban besar cada centímetro de tu cuerpo y tus manos clavarse en mi espalda… Me puse encima de ti y mientras te penetraba dejaste caer un fuerte gemido, el deseo y las ganas quedaron patentes en ese mismo momento, nuestros cuerpos bailaban mientras tu aliento se dejaba caer sobre mi cuello, como una brisa cálida que erizaba cada poro de mi cuerpo. Tus gemidos cada vez más intensos se volvieron continuos con cada movimiento, con cada estimulo... Tu cada vez más ardiente, mas ansiosa, lo notaba en tus manos, en tus movimientos y en tu mirada, te volviste una fiera en ese instante y solo pensábamos en satisfacer nuestro deseo el uno por el otro… Mis dedos acabaron de recorrer todo tu cuerpo mientras descansábamos, mis brazos te abrazaron delante mía y te acurrucaron junto a mi cuerpo… Allí yacíamos, en la misma cama donde minutos antes se libro una guerra entre sus sabanas, sabanas que sin duda aun recuerdan tu aroma, tu calor y tu respiración. Ahora anhelo tus besos tan dulces como pasionales eran como dulce ambrosia, algo que no había probado y que sin duda probaría todos los días de mi vida...






Tu...



Tu... Tan llena de sensualidad te escondes en tu ridícula timidez sin saber que tu cara es de las más lindas que me he encontrado, escondiendo a veces esa sonrisa tan maravillosamente perfecta con la que muy a mi pesar mío podrías enamorar a cualquier hombre... Tu, tan risueña que eres capaz de reírte del mundo a carcajadas y si intentas contener la risa dos lagrimas resbalaran por tus mejillas anunciando que no puedes aguantar un minuto más.
Tu, tan perfecta, tan alegre y divertida, inteligente y emotiva, tan ardiente y sexy... Te escondes muy a menudo en un simple y llano "no", en una creencia absurda de que no lo vales y de que quizás, solo quizás, este loco... 

Y lo peor de todo, no eres tú, soy yo... yo, porque siempre miro lo que no tengo que mirar, siempre fijándome en cómo eres, analizando cada segundo y aprendiendo cada parte de ti, cada palabra y en ocasiones, cada gesto. Y si, me he fijado en tu mirada, esa mirada que puede conseguir que cualquier hombre te desee por esa sensualidad que desprende. En tu sonrisa la cual utilizas a tu antojo, mezclándola con tus gestos para poder conseguir cualquier cosa que te propongas, esa sonrisa alegre o simplemente picarona, esa sonrisa atrevida y que te incita a probar todo lo que me eches encima. Tus labios con los que me puedes seducir sin tocarlos, labios tan dulces que cualquier hombre se paralizaría al verse rozados por ellos en su propio cuello, seguido de tu aliento, tu voz y tus susurros. Claro que me he fijado, me he fijado en ti, en tu pelo que tiene ese "no sé qué" que lo vuelve tan loco, tan salvaje y a la vez tan calmado entre la huella de mis propios dedos. En ti y en tu cuerpo, un cuerpo que cualquier mujer envidiaría y yo, concretamente, se moriría por acariciar... suavemente... mientras vas perdiendo la ropa, como los arboles pierden las hojas cuando llega su estación... acariciar cada centímetro de tu suave piel mientras noto como tu corazón se acelera, mientras noto como tu respiración se agita, poco a poco y de forma progresiva hasta que tú no eres dueña de tus propias manos que solo buscan el calor de mi cuerpo, ir deslizando la llena de mis dedos por el largo de tu espalda como si de una pluma se tratase, erizando cada bello, activando cada impulso eléctrico de tu cuerpo y poco a poco pasar mi lengua, casi tan suave como mis dedos, por tu espalda hasta acabar aterrizando en tu cuello. Pensar mil maneras de hacerte sentir una mujer y demostrarte que yo soy un hombre, cogerte cual novia recién casada antes de pisar el umbral de su casa, colocarte encima de la mesa, y yo, entre tus piernas, quitarte la camiseta y besarte de manera que notes ese puto cosquilleo en el bajo vientre y pienses "joder!", pasar mis manos por tus costados, pasar de manera firma pero suave por tu espalda hasta tenerte tan cerca que tu corazón y el mío se alineen en el mismo compás. Entonces, y solo entonces sacare las fuerzas y el valor para tumbarte en la cama, hacerte todo lo que siempre has imaginado o incluso deseado, para tocar cada parte de ti, para que toque cada parte de mi... Envolverte en mi calor y poco a poco acercarme a tus labios, húmedos, sensibles... ardientes... besarte y sobre esa misma cama entregarme a ti cada noche entregarte a mi cada día, sentirte piel con piel, mirarte... De nuevo te beso, sientes como tanteo tu cuerpo, como recorro tu cuerpo con mis dedos y te pierdes en mi calor. Entonces es cuando llega tu desesperación y el ansia de tu entrega, y por fin te abandonas a mis deseos dejando que tu propio calor se una al mío con un gemido inicial…







Y ahora Tu... tan llena de sensualidad dejas de esconderte en tu ridícula timidez para demostrar quién puedes ser, dejando ver todo el potencial que tienes, sacar a relucir tus mordiscos, tus besos, tus miradas posesivas y tus sonrisas provocadoras... Tú, tan risueña como siempre dejas la risa a un lado para que un llanto de gemidos tan cargados de pasión se apodere de tu voz, tan fuertes que serian un aullido en la misma noche que hoy abriga mi cuerpo.
Tu, tan perfecta, tan alegre y divertida, tan inteligente y emotiva, tan ardiente y sexy dejas de esconderte en un simple y llano "no", dejas de lado esa creencia absurda de que no lo vales y de que quizás y solo quizás sea yo el loco para así demostrarme quien de verdad eres, para demostrar a todos que vales todo lo que un hombre pueda tener en su miserable vida y eres todo lo que un hombre podría desear en su imaginación...





Soñar tu boca junto a la mia...



Todo surgió de manera muy caótica e inesperada... Estaba en una habitación enorme, unos 30 metros cuadrados diría yo, con una cama de 4 metros de lado por lo menos... No sabía dónde estaba, mire a mi alrededor y me encontré viendo la televisión, contigo.
¿Que hacías allí? ¿Porque tú? ¿Acaso es que...? o ¿Quizas...? Sinceramente no lo sé, pero allí estabas, allí estábamos. Empezamos a reír viendo la televisión mientras teníamos una cómoda charla sobre gustos de cine y salió un género de cine algo erótico a la conversación.

Yo sostenía que ese tipo de género era estimulante... -A mi me parece un genero divertido y como cualquier otro- dije- y tu sostenías una postura muy parecida con una salvedad - ¡Exacto! Eso pienso yo y además siempre puedes captar ideas... -dejaste caer. En ese momento nuestras miradas se cruzaron y tu sonreíste al mismo tiempo que me levantabas la ceja, que sonrisa, aun la recuerdo, sincera, divertida, picaresca... unida a esa mirada sensual... Te acercaste y me obsequiaste un beso en la mejilla, un beso en un sitio tan tonto como la mejilla fue capaz de ponerme los bellos de punta, te apartaste lentamente de mi sonriendo de nuevo y levantándome la ceja, cuando reaccione quise devolverte el beso en la mejilla y tu amagaste con la cabeza para que mis labios acabaran en la comisura de tu boca. Un segundo más tarde nos quedamos mirando, intentando averiguar qué pasaba por nuestras cabezas, te confesé que quería besarte y me dijiste que quizás debiera hacerlo... Cuando te bese los labios todo se detuvo, de pronto esas gotas de sudor que me ponían nervioso desaparecieron, esa pequeña taquicardia en el corazón por los nervios de tenerte a 2cm se calmo dando paso a unos latidos fuertes y firmes... pum pum, pum pum... como si algo llamara a mi pecho, unos latidos tan fuertes que podrías oírlos sin mucho esfuerzo, ese latido calmado en poco tiempo se volvió de nuevo acelerado, cada vez mas y mas conforme la intensidad del beso aumentaba... Nuestras lenguas jugueteaban la una con la otra mientras nuestras manos buscaban la piel desnuda, mis dientes buscaban tu cuello y tu mirada buscaba volverme vulnerable, me arrancaste la camiseta y yo hice eso mismo contigo, estábamos piel a piel y el contacto era inminente...

¿Cuantas veces me había imaginado eso mismo? Tenerte entre mis brazo, besar tus labios, mirarte a los ojos y perderme en ellos... ¿Cuantas veces?

Te tumbe sobre esa amplia cama mientras terminaba de desnudarte, y allí, entre besos y lametones, entre caricias y arañazos, entre muerdos y mordiscos, me encontré acariciando tu pierna... Puse tu tobillo sobre mi hombro, y poco a poco fui besando cada centímetro de tu suave piel desde el tobillo hasta el muslo. Me coloque encima tuya y comencé a acariciar todo tu cuerpo, empezaba en el muslo e iba subiendo poco a poco, por el costado, mientras notaba como tú te ibas excitando, como te ibas acelerando conforme mi mano subía por tu cuerpo... llegando casi a la axila coloque mi mano detrás de tu espalda y con un movimiento firme te levante, te incorpore y te bese como deseabas hace rato que lo hiciera. Tus manos arañaban mi espalda y mis gemidos eran callados por tu lengua, mis bramidos apaciguados por tus muerdos en mis labios, empecé entonces a tocarte suavemente mientras seguías excitándote comenzaste a gemir, un gemido tan sensual, tan provocador que haría dudar al mismísimo diablo de su propia humanidad... Comencé a penetrarte y se gemido paso a ser un chillo agudo para mas tarde convertirse en un gemido mudo y lleno de placer, te mordías el labio inferior pidiéndome mas, mientras yo me esforzaba por contener toda esa excitación, mientras me contenía de no desatar todo mi ser... Pero no pude.

-Te deseo tanto -dije mientras te mordía el hombro.
  -Despacio pequeño, tenemos toda la noche por delante.

Gracias a eso volví a controlar todos mis impulsos para ir dando lo mejor de mí en cada instante, todo se convirtió en sexo y desenfreno, nada mas importaba, solo tú, yo y el momento. Agotados, acabamos tumbados en la cama, tu recostada sobre mi pecho, relajada, tranquila y serena... Nadie diría lo que allí había pasado con esa tranquilidad del momento y yo solo podía pensar en hacer una cosa al menos una vez más, al menos una vez más antes de que te marcharas para quizás no volver: Besarte. Y no podía dejar de preguntarme...

¿Que hacías allí? ¿Porque tú? ¿Acaso es que...? o ¿Quizás...? Quizás...





... Es un sueño.