Yo salía de trabajar por la noche y decidí salir un rato, me
sentía extraño, excitado y con cierto misterio en mi interior, no sabría
explicarlo con palabras, era algo distinto, estaba seguro de mi mismo.
Salí solo, sin compañía, sin rumbo, donde me llevaran mis
pies. Acabe dentro de un local, era oscuro, ambientado con velas, tenia “algo”
que me gustaba. Me pareció muy extraño pero todos se fijaban en mí, me mire por
si tenía algo en la ropa, pero no, las chicas me deseaban y los chicos me
miraban impresionados. Era una noche cargada de expectativas y un morbo muy
misterioso, algo exótico y diferente flotaba en el aire, no lo comprendí hasta más
tarde.
Me fije en una chica al lado de la barra que no paraba de mirarme,
parecía que me estaba esperando, me dirigí hacia ella nerviosa, guiado por un
impulso inevitable, y poro a poco se acerco a mi cuerpo hasta susurrarme en el
oído que la siguiera, eso hice. Me llevo a un cuarto con muy poca luz, había
una cama con sabanas de seda roja, tan lisa que parecía imposible. Se sentó y
me acerque a ella y la bese en los labios, sin mediar palabra, ella sorprendida
me sentó y comenzó a besarme el cuello, sabia besar cada parte de mi, parecía
adelantarse a mis necesidades y yo a las suyas, me despojo bruscamente de la
ropa y dejo caer su vestido azul con un susurro tan ligero que era casi
inaudible, debajo tenía unas braguita del mismo color de sus ojos que dejaban
poco a la imaginación… tenía el cuerpo más hermoso de cuantos había visto,
mezclaba una calidez fría que me inducia al deseo.
Lentamente me tumbe en la cama mientras dejaba que ella me
enseñara los secretos que escondía aquella noche. Se sentó sobre mi y comenzó a
deshacerse de mi ropa interior con unos dedos tan agiles que apenas le costó
esfuerzo alguno, lamio mi pecho y mi cuello, ella sonreía y vi la lujuria de su
mirada, era misteriosa y dios… como me atraía. Comenzó a besarme y a morderme
lentamente hasta hacer sangrar mi labio, lamio mi sangre y se deslizo hasta mi
cuello, allí me dio otro pequeño mordisco, me arañaba la espalda, tanto deseo
la desbordaba. Entonces empecé a entender donde y con quien estaba… pero no
podía creerlo…
Me sentía algo mareado y me moría de deseo por ella, poco a
poco su mano se acercaba a mi sexo y comenzó a jugar con el rítmicamente, yo
temblaba y gemía, no sabía que le pasaba a mi cuerpo, estaba desbordado pero no
quería que parase. Su boca se acerco a mi sexo, empezó a lamerlo y a metérselo
en la boca con el mismo ritmo, era delicioso, estaba totalmente excitado y me
retorcía de placer con lo que esa mujer de ojos morados claritos me estaba
haciendo sentir… La pasión que sentía aumento y se volvió incontrolable, le
alce la cara y comencé a besarla, ella estaba tan ansiosa como yo, pero esta
vez yo manejaba la situación, la agarre con una mano la cintura y comencé a
explorar todo su cuerpo; mi lengua se introducía en su sexo sin parar y la
hacía retorcerse de excitación y placer; sus fluidos se mezclaban con mi saliva
y sus pezones endurecidos me llamaban, me acerque y acariciando sus pecho lamí
y mordí suavemente sus pezones hasta hacerla gemir.
“Fóllame” me susurraste al oído, tu respiración agitada me
confesó que estabas ansiosa y así lo hice, te penetre, fui suave y considerado
al principio pero al ritmo que nuestra respiración y nuestro ritmo cardiaco
aumentaba, mi fuerza también lo hacía,
ambos gemíamos y nos retorcíamos de placer, - y pensar que solo una pared nos
separaba de toda esa gente, le daba aun más morbo -. Nuestras lenguas no
paraban de juntarse, nuestros besos húmedos, dulces a la par que ardientes
recorrían todo nuestro cuerpo; lo hicimos tantas veces que perdimos la cuenta,
hasta quedar exhaustos.
Al día siguiente pensé en todo lo sucedido, pensé que fue un
sueño, me levante, me lavar la cara y frente al espejo vi que en mi cuello aun
tenia mordiscos y arañazos por la espalda, testigos de la noche de pasión, mi
piel era ahora mas pálida, casi transparente… ya entendía que había pasado.
Ocurrió sin más, todo aquello, tu, tu mirada y tu sonrisa erais hipnóticos, vi
caer tu vestido azul y creí caer con él, debajo me encontré con una ropa
interior del color de tus ojos morados, era lencería lujuriosa y sensual, con
un encaje fino y elaborado y unas braguitas mínimas que me decían que te las
quitara a muerdos, tu cuerpo perfecto…
Había caído bajo tu control…

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