Desde hace tiempo sueño contigo… Sueño con ese pelo largo,
con tus ojos oscuros y profundo, con tu boca dulce y sensual, sueño con una
sola de tus caricias, la más tierna y pasional que seas capaz de darme, sueño
con tus besos húmedos y ardientes, con tu sonrisa picara y tus miradas
provocadoras, sueño con tu sexo y tu deseo… Sueño contigo.
Y más allá de ese sueño un día justo antes de dormir, de
cerrar los ojos para volverme a encontrar contigo, vi que la luz de mi móvil
brillaba, estaba en silencio, y me extraño… Eran las 3 de la mañana ¿Quién
podía ser? La curiosidad mato al gato y no pude evitar mirarlo, eras tú,
deseándome unas buenas noches, sorprendido conteste casi instantáneamente y
tras un par de minutos de conversación me preguntaste si estaba cansado y
quería dormir, mi respuesta fue firme y sin dudar, “NO”, mi voz se volvió
fuerte y ruda, y tú reíste por la seriedad de mi respuestas. Me ofreciste que
fuera a tu casa, tomarnos una copa, y charlar o ponernos una película, yo
sinceramente no quería dormirme y para pasar una noche soñando tu boca,
prefería tenerte delante aunque no pueda rozarte… Acepté.
Al tocar el timbre, abriste rápidamente. Estabas preciosa,
deslumbrante… Tenías el pelo suelto, una sonrisa en tu rostro, una mirada que
era capaz de paralizarme por completo. Tenias cubriéndote una bata larga y
rosada que llegabas hasta por debajo de tus rodillas, “No querrá que la vea en
pijama…” pensé mientras te admiraba. Nada mas reaccionar te salude con un “Hola
pequeña” mientras esbozaba una de mis típicas sonrisas despreocupadas, tú
sonreíste. Serví dos copas mientras tú ponías una película en el televisor, nos
sentamos a verla mientras dejábamos que las copas, las risas, las miradas y los
pequeños roces entre los dos nos achisparan. Terminamos las copas y puse los
vasos en una mesa cercana, al sentarme me arrime a ti y una de tus manos se
alargo para acariciar mi cuello y mi pelo, era extraño, no sabía que
significaba y además era relajante pero muy excitante al mismo tiempo. Te levantaste
un momento, sin saber yo para que, y al volver tiraste uno de los vasos, no se
rompió y al agacharnos al cogerlo, tú por hacer como si no hubiera pasado nada
y yo por caballerosidad y que no te agacharas, nos dimos un pequeño cabezazo y
ambos caímos. Fue algo doloroso pero gracioso al mismo tiempo, caíste sobre mí,
sobre una de mis piernas, estábamos a escasos centímetros de distancia, tu pelo
caía sobre mi pecho, la bata que llevabas puesta se entre abrió dejando ver la
parte de arriba de tu pecho decorado con un sujetador malva, no llevabas
pijama… Ambos reíamos tímidamente mientras apartábamos la mirada, estas se
cruzaron y todo cambió, trague todo lo que tenia dentro y me lancé, una de mis
manos sujetaba firmemente tu espalda, ardiente y sensual, y mis labios se
posaron en los tuyos. Te quedaste quieta, pero comenzaste a moverte encima de
mi pierna rozándote.
El suelo no era el mejor sitio para esos menesteres y tras
unos minutos pasamos al sofá, me quite la camiseta y vi como me observabas
detenidamente mientras tú dejabas caer tu bata, dejando ver tu combinación
malva que yo otras veces solo podía haber imaginado… Estabas preciosa.
Te tumbe boca arriba y comencé a acariciar cada parte de tu
sensual cuerpo, besaba tu cuello, lamia tus pechos, estabas realmente linda,
con tu cabeza echada para atrás y tu braguita apretando en mi pierna.
Abriste el cajo de una mesita cercana y sacaste un
lubricante de efecto calor y de sabor dulce, “Es comestible” sugeriste como
quien no quiere la cosa. Te lo arrebate de las manos y tumbada boca arriba te
desnude por completo, te ruborizaste un poco y yo deje caer un poco de este gel
sobre tu cuerpo, desde el borde de tu sexo hasta tu cuello pasando por tu
barriguita y tus pechos… Te estremeciste mientras este gel caía sobre ti,
estaba frio y tu piel se erizo, sonreí mientras me agachaba para empezar a
lamer el gel por tu cuerpo, empecé por el cuello y fui bajando en riguroso
orden, por tus pechos, calientes y suaves, jugué con ellos unos minutos, fui
bajando por tu vientre hasta llegar a tu sexo donde me detuve otros minutos,
rozando tu clítoris con mi lengua, con cada masaje tú te tensabas y entre
temblor y temblor pude notar un pequeño orgasmo, me agarraste la cabeza,
tensaste todo tu cuerpo y te relajaste.
Me miraste algo enfurruñada, y yo sabía porque… “¿También
quieres jugar?” pregunte con una sonrisa picara. Me tumbaste y vertiste gel en
mi pecho, acto seguido lamiste cada centímetro de mi cuerpo. Jugaste con mi
miembro un rato largo hasta el punto de pedirte que pararas, no quería que eso
acabara ahí… Te vertiste un par de gotas del gel lubricante sobre la lengua y
me besaste, creo que es el mejor beso de mi vida y de lo más excitante… Te
pusiste sobre m, estábamos tan excitados. Tú estabas húmeda, o mejor dicho, más
que húmeda completamente mojada, yo estaba completamente erecto, no podría
estar más excitado y mi miembro palpitaba de la tensión… No hizo falta
lubricante, entro de golpe, hasta la empuñadura, por así decirlo. Tus piernas
te empujaban y te impulsaban para entrar y salir, cada vez que estaba dentro me
hundías en el mejor de los placeres y cada vez que me hacías salir un miedo a
correrme invadía mi cuerpo. Te comí la boca, te lamí los pechos… quería
disfrutar del momento por si no volvía a repetirse nunca. Tú te movías ágil y
sensual, yo apretaba fuerte, tan fuerte que temí hacerte daño. No tardamos más
de veinte minutos hasta que nos vimos las caras mientras nos corríamos,
gemíamos y gritábamos de placer casi al mismo tiempo.
Nos quedamos abrazados, agotados, yo aun dentro de ella
mientras mi miembro menguaba. Decidimos recoger todo aquel desastre y como aun
quedaba algo de tiempo hasta el amanecer, decidimos ducharnos. Mala idea. La
ducha era bastante pequeña. Ambos nos enjabonábamos por delante, luego tu me
enjabonaste por detrás centrándote en mi culo, después me toco a mi enjabonarte
la espalda y me centre en tu culo, el cual se levantaba y se rozaba contra mí.
Te gire y apague el grifo de la ducha, me miraste como unos minutos antes ya lo
habías hecho, y me provocaste con un beso fuerte y pasional mordiéndome el
labio. Sin pensármelo, te levante con fuerza y te apoye contra la pared, tus
piernas me rodearon y mi miembro entro de nuevo en ti, tu gritaste y te reíste
mientras yo empujaba cada vez con más fuerza, aquello se volvió algo salvaje,
yo sujetándote en el aire contra la pared, empujando, tu arañándome la espalda
mientras me mordías el cuello, era increíble, me encantaba. Te corriste,
gritabas y me arañabas, jadeabas y me mordías… te baje al suelo y tú en vista
de que yo no me había corrido, te pusiste de rodillas y te metiste el miembro
en la boca, al principio solo la punta, lamiéndolo, pero poco tiempo tardo en
desaparecer dentro de ti, era excitante y mis manos acarraban con fuerza tu
cabeza, ya no podía mas y pasaste a jugar con tus manos. “Córrete” dijiste y
sin pensarlo, un impulso nervioso recorrió mi espalda y note como estallaba.
Ambos acabamos realmente agotados, salimos de la ducha y nos
vestimos, ya había amanecido. “Como corre el tiempo” dije riendo, tu tenias que
ir a la universidad y yo debía ir al trabajo. Agotado, no podía parar de pensar
en ti, en tu belleza y sensualidad, en tu pelo largo y tu mirada profunda…
Pensando en tenerte, cuando mis sentidos intuyen tu
presencia y desbordan mis impulsos, en vivirte cuando tus silencios rozan mi piel
escuchando todos mis alientos, sentirte cuando mis manos recorren tus sueños y
tocan tus labios, beberte cuando mis labios llegan al filo de tu boca y me
vuelvo loco. Loco porque gozo de perfume, ese que sigues desprendiendo en mis
sueños, sueños donde toco tu piel mientras tiemblan mis dedos. Dándome cuenta
que no soy nadie, nadie para sentirte… Solo soy… todo tuyo.
Llegó la noche y
justo antes de dormir vi como la luz de mi móvil se encendía, eras tú,
deseándome las buenas noches y preguntando…
¿Tienes sueño?
Pero eso es otra historia y la contare en otro momento…

0 comentarios:
Publicar un comentario