En aquella playa... "Primer encuentro"



Después de más de un año trabajando duro, ya era hora de unas buenas vacaciones. Me senté delante de mi ordenador para ver posibles destinos, ver ofertas de viajes y hoteles y buscar un sitio a ser posible paradisiaco para descansar… Encontré un Hotel que pintaba bastante bien, en Punta Cana, la idea me sedujo desde el principio y reserve una habitación de matrimonio y dos billetes de avión.
Era el mes de Octubre y por esas fechas ya empieza a hacer buen tiempo en punta cana, te llame al día siguiente, “Me voy de vacaciones a Punta Cana, esta misma tarde” “¿Qué? ¿Así de pronto?” “Así es, pero hay algo mas, Tu vienes conmigo” dije esto último soltando una breve carcajada a través del teléfono. Callaste durante unos segundos y rompiste el silencio, “Yo… no puedo” “No te lo he preguntado” dije con voz picarona, “Acepto”.

Solo necesitaba escuchar eso como esperaba, te comunique que en hora y media estaría para recogerte y nos fuéramos, hice la maleta, nos montamos en el coche, en el avión y horas más tarde estábamos en Punta Cana. Aquello era simplemente precioso, relajante y sinceramente excitante. Dejamos las maletas en el hotel y fuimos a cenar, entre charla y charla cenando todo eran risas, yo estaba cómodo y tú para tu sorpresa, también lo estabas. “Pero, ¿Cómo has hecho esta locura, porque yo?”, mi respuesta fue rápida, sin dudarlo y sobre todo concisa “Quería tenerte conmigo”, de pronto el entorno cambio, lo que eran risas se convirtió en dos miradas, cruzándose e intentando comunicar cada pensamiento a la otra persona, si hubiera podido transmitirte lo que pensaba… Mientras terminábamos el postre me atraganté, note como tu pie, desnudo, subía por mi pierna. Me sonroje y tu soltaste una carcajada mientras decías “¿No eras tú el atrevido de los dos?”, me habías pillado, me sonroje por una tontería así que lo único que hice fue sonreír y decirte que exigiría mi venganza.

Después de la cena te invite a tomar una copa, comenzamos a hablar a contarnos las ultimas anécdotas que nos habían sucedido, contamos un par de chistes y todo era muy relajado y muy divertido, después de 3 o 4 copas andábamos un poquito “atontados”, nuestras miradas se cruzaron, note un cosquilleo que recorrió cada centímetro de mi espalda y ambos nos ruborizamos así que te ofrecí ir a dar una paseo por la playa, cosa que ambos estábamos ansiosos por hacer, era una playa interminable, de arena fina y blanca, unas aguas cálidas dentro de lo que cabe y más clara que el propio agua embotellada. El cielo lucia despejado y una Luna llena, baja, grande y blanca como la nieve alumbraba todo aquel paraíso y aunque todo aquello era realmente bonito y digno de mirar cada detalle, yo no podía apartar mi vista de ti.
Me tumbe en la arena a observar la Luna, estaba realmente bonita. Te tumbaste a mi lado y nos pusimos a charlar, esta vez las conversaciones eran muchas intimas y profundas, “¿En serio quieres tenerme aquí contigo? Podrías tener a quién quisieras…” “Siento desilusionarte pero tarde menos que lo que dura un pestañeo en decidir que quería tenerte aquí” se hizo un silencio, yo miraba la luna y sentí como agarrabas mi mano, la presionaste varias veces para llamar mi atención y al girarme estabas frente a mí, preciosa… tus ojos marrones, profundos como la oscuridad de aquella noche, tu pelo castaño y largo, tan largo como ese momento justo antes de rozar tus labios y tu sonrisa, tan linda, que encajaba perfectamente en tu rostro y que fue capaz de enamorar la mejor parte de mi desde el primer día que la vi… Me susurraste “Acércate” y nuestros labios, húmedos, ansiosos por rozar los opuestos, y nerviosos por el beso inminente, se acercaron muy poco a poco y justo antes de rozarse por primera vez… amagaste, lo justo para pasarlos de largo, como si te recrearas… me acerque a tu oído y te susurre “Te apetece jugar ¿Verdad?” en ese momento mi mano se alzo sobre tu cintura, acerco tu cuerpo al mío de manera suave pero firme, y mientras tu brazo se posaba sobre mi cuello mi mano subía por tu espalda, agarre tu nuca y te acerque a mí, roce tus labios de lado a lado mientras los lamia muy despacio, el beso comenzó de manera dulce pero pronto nuestras bocas se llenaron de pasión, abriendo la una a la otra mientras nuestras lenguas jugaban a pillarse, llegue hasta el último rincón de tu boca y tu recorrías mi cuerpo con tus manos, yo me deje llevar y preso de mis deseos tú te convertiste en mi dueña. Rotamos sobre la arena y te pusiste encima mía, separaste nuestros labios y comenzaste a besar mi pecho mientras mi erección era más fuerte, seguiste bajando jugando con mi vientre y mi ombligo con tu lengua y deslizaste tu mano por dentro de mi pantalón, tu llevaste las riendas de la situación durante unos minutos hasta que decidí que era hora de actuar por mi cuenta, te tumbe en la arena y empecé a besar y morder tu cuello, de forma tan sensual que se te escaparon leves gemidos, mi mano es escurrió debajo de tus vestido y recorrió todo tu sexo, estaba tan húmedo que no fue difícil empezar a jugar contigo, metí dos dedos mientras mi pulgar estimulaba tu clítoris. Tu respiración se agito y se volvió rápida debido al placer que sentías, me excitaba tanto oírte disfrutar… Te prepare durante unos minutos y quise devolverte el placer oral que me distes deslice mi lengua desde detrás de tu oreja, pasando por tu pecho y vientre, hasta tu sexo. Ambos estábamos disfrutando, todo era perfecto, la pareja, la noche, el paisaje paradisiaco y el sexo.

Me tumbaste boca arriba dejándote caer sobre mí con las piernas abiertas y con la ayuda de tu mano derecha introdujiste mi miembro en tu sexo, entro sin excesiva dificultad mientras tu cerrabas los ojos, abrías un poco tu boca y dejabas escapar un gemido placentero que salió desde lo más profundo de ti, comenzaste a moverte, mirándome con esa mirada picara y esa sonrisa seductora que te caracterizaba.  El ritmo cada vez era más fuerte, los dos gemíamos y gritábamos pero no querías acabar en esa postura, te tumbe sobre la arena y me coloque encima de ti, tus piernas rodearon mi cadera y comencé a moverme bastante más duro, los gemidos se volvieron constantes, tus pechos se movían con cada empujón que recibías hasta que ninguno de los dos podía aguantar un segundo más. Terminaste escasos segundos antes que yo y nos quedamos tumbados en la arena, exhaustos, besándonos con pasión y abrazados…

… Volvimos al hotel y descubriste algo que pasaste por alto, no eran dos habitaciones sino una de matrimonio, entraste en la habitación y miraste para atrás sonriendo y mirándome de forma provocadora, me acerque a ti, parecía un verdadero hombre, me quite la camiseta y tú te sentaste en la cama debido a que yo estaba demasiado cerca, te tumbe suavemente, me coloque encima de ti y susurre…










…”En aquella playa, solo fue nuestro primer encuentro”.

0 comentarios:

Publicar un comentario