Él tenía una vida bastante sencilla y ella lo mismo… Eran
amigos, desde hacía muchos años, salían juntos, reían juntos, lloraban juntos,
incluso habían dormido juntos. Nunca se plantearon que algo mas pudiera pasar
entre ellos, y era cierto porque no había motivos para así pensarlo.
Un día ella lo llamo para ver una película juntos, él acepto
como de costumbre sin pensarlo dos veces. Se presento en su casa, eran
alrededor de las 10 de la noche y ninguno de los dos madrugaba al día siguiente.
Todo pasó con normalidad, ella hizo palomitas las cuales viendo la película se
acabaron rápidamente. Ella que tenía el bol de palomitas encima de las piernas
lo aparto a una pequeña mesita que tenia al lado de la cama y él sin darse
cuenta que se habían terminado y que había quitado el bol de su sitio alargo la
mano para coger unas cuantas… Su mano rozo la cadera desnuda de su amiga, la
camiseta un poco subida le permitió notar su piel, ella se estremeció, él al
darse cuenta retiro la mano rápidamente, sobresaltado y tímido, se le subieron
los colores a la cara al igual que a ella.
Se miraron y por unos segundos se quedaron hipnotizados,
ambos ruborizados sin saber qué hacer, que decir… ¿Qué ha sido esa sensación? –Pensó
él, Solo una caricia y puso mi piel de gallina… --Se dijo ella a sí misma. Él
reacciono saliendo de la mirada hipnotizadora de ella:
-Es
tarde lo mejor será que me vaya…
-Si…
Bueno, ¿Nos vemos mañana?
-Claro,
pasa buenas noches.
-Igualmente,
chao.
Y salió de casa corriendo y acalorado, ella cerró la puerta
tras de él y nada mas hacerlo el se apoyo de espaldas en la puerta, ella,
apoyada del otro lado, sin saber que el otro estaba detrás, ambos pensando en
esa caricia…
Al día siguiente, él la llamo a ella para ir de compras,
ella acepto puesto que también tenía cosas que comprar. Sobre las 6 de la
tarde, en el centro comercial y terminando las compras, se dirigieron a los
aseos. Era como una pequeña sala con un sofá en el medio y a los lados dos
pasillos, uno para cada aseo. Cada uno entro al suyo, el no podía dejar de
pensar en el momento en el que rozó la cadera de su amiga y ella en el calor de
su mano, al terminar se encontraron en la sala, él trago saliva:
-Oye
con respecto a lo de ayer…
-¿”Que”
de ayer?
-Cuando
roce tu piel…
-Ah
eso, no lo recordaba ya… --Fingió ella.
-Bueno,
me gustaría comprobar algo. Sígueme.
Ella lo siguió obedientemente, se metieron en el baño de
hombres, levanto suavemente su camiseta y poso su mano en su cadera, ella se estremeció
de nuevo, el calor de su mano le encantaba, el tacto de su mano en su piel era
la mejor sensación… Poco a poco subió su mano deslizándola suavemente por la
espalda y él no paraba de pensar en esa piel tan suave, esa pasión que
desprende al rozarla… Ella tenía los ojos cerrados, su respiración se agito y
sus latidos se volvieron rápidos e intensos, abrió los ojos y de nuevo se
quedaron mirándose, unos segundos. Esta vez fue ella quien reacciono diciendo
que era hora de irse.
Pasaron dos días sin llamarse y al tercer día ella lo llamo
para decirle que la ayudara a estudiar un poco que tenía un examen muy
complicado, él acepto pero pensaba en como acabaría todo aquello, le estaba
empezando a gustar y no sabía si era reciproco. Llegó a su casa y se pusieron
manos a la obra, a las dos horas decidieron parar un rato a descansar, ella sirvió
un par de copas para relajarse y las dejo sobre la mesa, fue a por algo de
picar pero antes de cruzar la puerta él le llamó la atención, ella freno en
seco, sin siquiera girar la cabeza. Se acercó por detrás y sujeto su cadera con
las dos manos, ella llevo sus manos a las de él apretándolas con fuerza. La
puso contra la pared sujetando sus caderas, levanto ligeramente su camiseta y
rozo su piel, de nuevo su respiración se agito… Él agarro con fuerzas las manos
de ella y las puso contra la pared mientras le dice que no se le ocurra
moverlas de ahí, que se quede bien quieta. Ella obedece intuyendo lo que se
avecina, ella ansiaba su boca, sus labios, sus muerdos en su piel, que le
acariciara el cuerpo con sus manos fuertes a la vez que pasionales para poder
sentir todo su calor, toda su sensualidad.
Él ardiendo por la boca de ella, por su cuello, comienza a
desabrocharle suavemente el pantalón mientras besa y muerde el lóbulo de la oreja.
Ella nota la respiración de él en su oído, excitada y nerviosa cierra los ojos
y se deja llevar por todo lo que la hace sentir, por cada impulso eléctrico que
recorre su espalda, por ese deseo que la está consumiendo y reclama los besos
de él. Con los pantalones desabrochados comienza a acariciarla y a bajar
poquito a poco el pantalón hasta que finalmente se lo quita. Mete sus manos
bajo su blusa, acaloradas y anhelando la piel de ella, comienzan acariciando su
cadera, su vientre llegando a la espalda donde unas caricias suaves e intensas
se convierten en otras más pasionales, la agarra con fuerza y la arrima a su
cuerpo para acariciar su cuello con los labios y con la lengua… Ella se deja
entregar al deseo y viendo que no aguanta más lo gira de manera brusca e
inesperada, ahora él está contra la pared, pero una mirada desafiante y
pasional la frena en seco, se queda paralizada con esa mirada, él posa una mano
en su cadera y la sube hasta su espalda, la agarra con fuerza y le transmite
que él quiere manejar la situación, la desea, después de tantos años, saben que
se desean y ahora él marca el ritmo…
La levanta en brazos con fuerza colocándola en su cintura, y
se sienta en el sofá, ella está encima de él pero está claro que el lleva las
riendas de la situación, sus manos se han hecho dueño de la espalda de ella,
sus caricias marcan el territorio por su cuerpo mientras el va leyendo el
diario escrito en cada centímetro de su piel, suave, blanca y sensual. Ella le
envuelve el cuello de besos y mordiscos, él de pronto agarra el pelo
fuertemente pero sin hacerle daño, gira su cabeza y la besa, primero pasa sus
labios rozando los otros, notando la humedad y aumentando el deseo, para más
tarde fundirse en ese beso que estaban deseando… Él sujeta la barbilla de ella
con dos dedos y la gira, la mira a los ojos mientras dice:
“Quiero hacerte mía, quiero hacerte sentir una mujer y que
toda la pasión que guardas dentro me la entregues. Quiero demostrarte esta
noche lo que en años de amistad no he hecho y que notes con cada caricia, cada
beso, cada mirada y sonrisa desafiante toda la pasión y sensualidad que escondo
conmigo.”
En ese momento, sus manos se deslizaron por la espalda de
ella, fuertemente, ella arañó su espalda por el escalofrió que sintió al notar
las manos de él, le encantaba, era capaz de hacerla sentir deseada con cada
caricia. Las manos de él se tornaron fuertes, se incorporo mientras con sus
manos la alzaba a ella, le quito la blusa y beso su cuello, bajando por sus
pechos… Ella de pronto lo agarro del pelo de manera decidida, le giro la cara y
le mordió el cuello, se incorporo y le dijo:
“Quizás sea yo quien tenga algo que demostrarte…”
Mientras lo mirada desafiante y seductora se dejo caer a un
lado del sofá… el aceptó el reto y suavemente fue quitando las braguitas de
ella deslizándola por sus piernas…

0 comentarios:
Publicar un comentario